lunes, abril 09, 2018

Twilight - Francisco Bendezú

A Mercedes

Yo soy el granizo
que entra aullando
por tu pecho desquiciado.

Soy tu boca.

Yo atesoré a ras del sueño,
debajo de las horas,
el latido de tus pasos por el polvo de Santiago,
y tu densa fragancia de magnolia,
y tu lenta cabellera
con perfil de éxtasis o algas,
y el ardor fulmíneo de tus ojos, que de noche,
como naves sobre el mar,
la bruma iluminaban.

Como guijarros de playa,
o nostálgicos boletos entre cintas y violetas olvidados,
enterré en mi corazón la línea de tu frente,
la piedra gastada de tus codos, tus sílabas nocturnas,
el fulgor de tus uñas, tus sonrisas,
la loca luz de tus sienes.
¿No sientes trasminar mi dolor a travéz de tu cuchara?
Mi memoria quedó tal vez en ti
como las ediciones vespertinas
en las bancas de los parques desahuciadas.

Tu sombra es mi tintero.
Juventud.
¡Juventud mía!
¿Qué tumbos socavaron
la torre más alta de mi vida?

¡No habrá nunca
hilo más puro

que tu larga mirada
desde lo alto de las escaleras,
ni lampo de cometa comparable
a la curva nevada de tus dientes!
Cantaba la mañana
en las pálidas cortinas y la hierba.
El tiempo cintilaba en tus vidrieras
como sólo una vez el tiempo parpadea.
Ya no estás entre las flores. Ni volverás
jamás a estarlo. ¿Qué tu amor sino labios
que escrituras en el viento fueron?

¡Yo quiero que me digan
si el amor, como los pájaros,
se va a morir al cielo!

Me acuerdo de una noche de trenzas y peldaños,
y óxido, y collares,
me acuerdo, como ayer, de lo futuro.

¡Quiero acuñar, como el otoño,
medallas en las calles,
o beberme llorando tu ausencia en los teléfonos,
o correr, correr a ciegas por
los tejados de todas las ciudades
hasta perderme para siempre o encontrarte!

¡Otra vuelta estar contigo!
Oh día de verano
extraviado en alta mar
como una mariposa!
Contra el flujo incoercible de los años
los días, uno a uno,
absurdamente buscan tu lámpara en las sombras,
no la penumbra, no el espejo de la muerte,
sino el cristal de la esperanza:
tu ventana que sólo está en la Tierra.

¡Aspersiones de ceniza para tu boca cerrada!
Otra vez tengo veinte años, y sonámbulo, y en llanto
a la puerta de tu casa estoy llamando,
al pie de tu reja, como antaño,
bajo la lluvia sin telón ni máscaras ni agua.
¡Oh zumbantes calendarios
que en vano el cierzo,
como a encinas,
deshojara!

¡No me digas que te quise! Te quiero.
Te debía este lamento, y aunque un grito
mi sangre apenas sea,
también te lo debía: un solo interminable
de un corazón en las tinieblas.

Poema de Miguel Idelfonso

Qué es el amor
sino una oscura esperanza
y viajar en este transporte celestial
me da cierta desolación
como los rostros que sentados
como yo miran a los rostros allá afuera
que entran y salen de las tiendas
manos que desean agarrarse
porque todo se mueve
el ruido el cosmos el corazón
y yo no quiero caer en la tristeza
como tantas veces
me apuro a acogerme al verde del grass
que a lo largo de la cervecería
pone algo de certeza a la poesía
ese grass que cubre a los amigos muertos
poetas con quienes me embriagué en esta ciudad
que ahora pretende otra vez expulsarme
o quizás no sea solo el grass
sino el libro de Bukowski
traducido por Hanz Polilla
¿dónde estará Hanz?
porque al final viene un texto
de Ricardo K.
también lo conocí
y bebíamos varias botellas
y se quiso morir como Luchito Hernández
y lo logró
la muerte se posesiona en este viaje a Los Ángeles
es como el bajón del amor
una responsabilidad con Dios
sentir su poder
y no dejar de pensar en Carlos
en Juan en José en Elí
en Rodolfo en todos
en la forma en que se ama cuando se muere
en la forma en que se vive
cuando no hay forma de entender la muerte
las ruinas de Puruchuco aquí
los niños hechos del barro viejo
que se quedó mudo
las ruinas crecerán y los niños crecerán
y en cada lápida escribiré mi nombre
para no olvidar que fui niño
que soy barro
que siento el brazo de la muchacha
sentada a mi lado
y que el libro que leía se quedará
en Los Ángeles
porque es de noche en los ojos de los perros
las luces de los hostales
ya están encendidas: habitaciones de 15-20-25
solo el amor trabaja
porque es 1 de mayo
veo el foco rojo en un segundo piso
es el amor
pienso otra vez en el amor
pero llego a Los Ángeles
y tengo que bajar
piso firme
hace un poco de frío
me saco una legaña
nace Dios

Bajo los ojos del amor - Gabriel Sologuren

Aún eres tú en medio de una incesante cascada
de esmeraldas y de sombras, como una larga
palabra de amor, como una pérdida total.

Aún eres tú quien me tiene a sus pies
como una blanca cadena de relámpagos,
como una estatua en el mar, como una rosa
deshecha en cortos sueños de nieve y sombras,
como un ardiente abrazo de perfumes en el centro del mundo.

Aún eres tú como una rueda de dulces tinieblas
agitándome el corazón con su música profunda,
como una mirada que enciende callados remolinos
bajo las plumas del cielo, como la yerba de oro
de una trémula estrella, como la lluvia en el mar,
como relámpagos furtivos y vientos inmensos en el mar.

En el vacío de un alma donde la nieve descarga
en una ventana hecha con los resonantes emblemas del otoño,
como una aurora en la noche, como un alto puñado de flechas
del más alto silencio aún eres tú, aún es tu reino.

Como un hermoso cuerpo que baña la memoria,
como un hermoso cuerpo sembrado de soledad y mariposas,
como una levantada columna con el tiempo a solas,
como un torso cálido y sonoro, como unos ojos
donde galopa a ciegas mi destino y el canto es fuego,
fuego la constelación que desata en nuestros labios
la gota más pura del fuego del amor y de la noche,
la quemante palabra en que fluye el amor, aún.

Yegua es la hembra del caballo - José Antonio Mazzotti

(después de una lectura de R. Jakobson)

Yegua es la hembra del caballo y yegua
es mi mujer impronunciable por el resto de mis días, la frescura
de su sudor y de sus patas duras como un diente
y el lomo en que cabalgo rodeado de metrallas y sirenas anunciando un bombardeo.
Yegua es la hembra del caballo y yegua es mi mujer
de suave relincho a cien violines cuatro flautas dos trompetas
y un músico olvidado y legañoso / a media barba /
y noches de terrible claridad.
Ella se mueve por los parques hinchando sus ancas
(yo hincho mis pulmones)
salta y patea y no conoce a los flemáticos
desnuda una sonrisa / como quien abre una bolsa de arroz
sabe y no sabe siente y no siente grita y no grita
y esparce el arroz entre los novios.
Yegua es la hembra del caballo y yegua es mi mujer impronunciable
divina metalengua que pronuncio y no decoro
y salto y pateo y relincho y ya no sigo
sé que ella viene como un pasto dulce a perdonarme estas palabras

Elogio del amor - Oscar Málaga

Darling, you are wonderful tonight
Eric Clapton

Nadie puede escapar, nos sujeta un sueño.
Los hombres somos tristes, siempre estamos llenos de propósitos.
De eso se trata, susurrar tu nombre hasta que el mundo esté helado.
No es bueno dormir con el televisor encendido.
Es inquietante pero los cuerpos siempre sonríen.
Me voy a quedar mucho tiempo contigo.
Como una enfermedad que no conoce la muerte.
Quemo la sombra de todas mis palabras sobre la lejanía de tu mejilla.
Antes de enmudecer te escribo este poema.
Que se vaya tu amor, tu locura, tu luz, tu espalda plateada.
Que todas esas verdades se escondan ciegas y desnudas
bajo estas palabras que no tienen estribor ni babor.
Que sean las orillas húmedas y silenciosas
adonde retorne cada noche a esperar mi nacimiento.
No intentes liberarte.
No se sopla un sueño como una hoja el viento del otoño.
Llegué a ti cruzando un bosque.
Imaginé un claro, una fuente, una cabaña, un jardín.
Lo permitido a las aves no lo está a los hombres.
Tus ojos siguieron tristes. Tu extraña mueca helada.
Pero sucede que los campos de fresas están en flor.
Aúllo buscando mi propio rebaño.
Me gustaría poner un poco de orden en mi poesía.
Chica, estuviste maravillosa esta noche.

Poema de Mario Montalvetti

Ya no te quiero, pequeña
Ya no te quiero, pequeña
ahora amo a los caballos.

Mañana amaré a las islas
y pasado será alguna ave.

(Tal vez en tres años
te vuelva a amar).

Y luego serán las vacas
pintas y luego serán
los minerales —tú sabes, el
cobre, el hierro, el—
y luego serán las ciudades
(alguna que otra jirafa)
y luego los puentes.

Antes un arcoíris que amarte, pequeña,
ya no te quiero
ahora amo a una mujer
que disuelve sus cuerpos
en las lluvias del otoño
iluminada/ anudada/ inundada
por el neón brillante
del poste de alumbrado público.

(Oh pequeña)
ya no (te quiero
Oh mujer)
ya no te quiero

sólo amo a las calles que me alientan
hacia la noche mientras la noche
ya no es noche sino mar y el mar
tumba de sonámbulos océanos, licor.

Poema de Martín Adán

Mi primer amor tenía doce años y las uñas negras. Mi alma rusa de entonces, en aquel pueblecito de once mil almas y cura publicista, amparó la soledad de la muchacha más fea con un amor grave, social, sombrío, que era como una penumbra de sesión de congreso internacional obrero. Mi amor era vasto, oscuro, lento, con barbas, anteojos y carteras, con incidentes súbitos, con doce idiomas, con acecho de la policía, con problemas de muchos lados. Ella me decía, al ponerse en sexo: Eres un socialista. Y su almita de educanda de monjas europeas se abría como un devocionario íntimo por la parte que trata del pecado mortal.

Mi primer amor se iba de mí, espantada de mi socialismo y mi tontería. “No vayan a ser todos socialistas…”. y ella se prometió darse al primer cristiano viejo que pasara, aunque éste no llegara a los doce años. Sólo ya, me aparté de los problemas sumos y me enamoré verdaderamente de mi primer amor. Sentí una necesidad agónica, toxicomaníaca, de inhalar, hasta reventarme los pulmones, el olor de ella; olor de escuelita, de tinta china, de encierro, de sol en el patio, de papel del estado, de anilina, de tocuyo vestido a flor de piel –olor de la tinta china, flaco y negro–, casi un tiralíneas de ébano, fantasma de vacaciones… Y esto era mi primer amor.

Mi segundo amor tenía quince años de edad. Una llorona con la dentadura perdida, con trenzas de cáñamo, con pecas en todo el cuerpo, sin familia, sin ideas, demasiado futura, excesivamente femenina… Fui rival de un muñeco de trapo y celuloide que no hacía sino reírse de mí con una bocaza pilluela y estúpida. Tuve que entender un sinfín de cosas perfectamente ininteligibles. Tuve que decir un sinfín de cosas perfectamente indecibles. Tuve que salir bien en los exámenes, con veinte –nota sospechosa, vergonzona, ridícula: una gallina delante de un huevo–. Tuve que verla a ella mimar a sus muñecas. Tuve que oírla llorar por mí. Tuve que chupar caramelos de todos los colores y sabores. Mi segundo amor me abandonó como en un tango: Un malevo…

Mi tercer amor tenía los ojos lindos, y las piernas muy coquetas, casi cocotas. Hubo que leer a Fray Luis de León y a Carolina Ivernizzio. Peregrina muchacha… no sé por qué se enamoró de mí. Me consolé de su decisión irrevocable de ser amiga mía después de haber sido casi mi amante, con las doce faltas de ortografía de su última carta.

Mi cuarto amor fue Catita.

Mi quinto amor fue una muchacha sucia con quien pequé casi en la noche, casi en el mar. El recuerdo de ella huele como ella olía, a sombra de cinema, a perro mojado, a ropa interior, a repostería, a pan caliente, olores superpuestos y, en sí mismos, individualmente, casi desagradables, como las capas de las tortas, jengibre, merengue, etcétera. La suma de olores hacía de ella una verdadera tentación de seminarista. Sucia, sucia, sucia… Mi primer pecado mortal.

Canto villano - Blanca Varela

y de pronto la vida
en mi plato de pobre
un magro trozo de celeste cerdo
aquí en mi plato
observarme
observarte
o matar una mosca sin malicia
aniquilar la luz
o hacerla
hacerla
como quien abre los ojos y elige
un cielo rebosante
en el plato vacío
rubens cebollas lágrimas
más rubens más cebollas
más lágrimas
tantas historias
negros indigeribles milagros
y la estrella de oriente
emparedada
y el hueso del amor
tan roído y tan duro
brillando en otro plato
este hambre propio
existe
es la gana del alma
que es el cuerpo
es la rosa de grasa
que envejece
en su cielo de carne
mea culpa ojo turbio
mea culpa negro bocado
mea culpa divina náusea
no hay otro aquí
en este plato vacío
sino yo
devorando mis ojos
y los tuyos

Datzibao - Enrique Verástegui

De pronto perdí todo contacto contigo.
Ya no pude llegar al teléfono, recordar ese número y llegar a tu casa que no conocí.
Ya no pude volar sobre ti como todos los días a las tres de la tarde estas pobres alas no dieron más
y aquí me tienes ideando estas líneas que reflejan mis ojos cansados de ir caminando con la mente y las manos repletas de yerba.
Yo fui el primer sorprendido.
La extrañeza de ser dos aves hurgándose el pecho y corriendo uno detrás del otro entre las matas y bancas del parque
y éramos arrojados fuera de nosotros mismos y por esto fue que conocí tu ciudad
y me apreté contra ti buscando desesperadamente encontrarme en tus ojos y amé todas tus cosas
y tu mirada angustiada y esa seriedad para responderme a ciertas preguntas y cuestiones que nos diferenciaron para siempre de las personas nacidas antes de 1950
tu maravilloso instinto agresivo desarrollado contra los males del tiempo y portándote como en la más furiosa embestida
en la batalla por un lugar en el taxi que nos alejó miles de cuadras más cerca de la pasión de la vida
hoy miércoles y no otro día.
Porque ya es hora de ir poniendo las cosas en claro y más que nada empezar a ser uno mismo
un solo obstinado bloque de rabia.
tú por todo lo que para mí reflejabas lo más claro eres mi sopor antes de echarte a gritar por estos sitios malditos
aún después de haber transformado esa palabrita bestialmente lúcida en una flor obsesiva
que yo no quiero acariciar ni comprender el suicidio mi amiga es una espera maldita.
Como puede ser aguantarnos un par de horas más en el parque en medio de un viento furioso que pugna por arrancar de raíz lo más nuestro de nosotros
y tú junto a mí convertida en mi aliento escuchándote aprendiendo de ti a la Molina no voy más esa canción negra arde en mi pecho, me aplasta, levanta, avienta a decir no contra todo.
Cada uno recuerda su primera caída.
Cada uno recuerda paso por paso los pasos que fue dando y los que no dio porque en uno mismo está el propio enemigo.
Y yo me levanto para luchar contra mí – y me tengo miedo.
Lo perfecto consiste en desabotonarnos el torso mientras vamos salvajemente penetrando en esta selva de arenas movedizas
y tu vida o mi vida no ruedan como esas naranjas plásticas que eludimos porque tú y yo somos carne
y nada más que un fuego incendiando este verano.
La vida se abre como un sexo caliente bajo el roce de dedos reventando millares de hojas tiernas y húmedas,
y no dijimos nada pero exigíamos a gritos destruir la ciudad, esta ciudad ese monstruo sombrío escapado de la mitología
devorador de sueños.
Y el musgo creció como un verso clarísimo en tus ojos.
tú querías leer mis poemas aferrarte a ese instante de dulzura donde jamás hubo límites entre uno y otro ser
y fuiste sólo una muchacha que pasó por mis ojos silenciosamente pegada a mí a mi secreta manera de enredarme en las cosas de explicar un mundo indeciso sembrado con piedras
yo que creí que nada era nada en cualquier lugar de este mundo
y de pronto me di con tus sueños como con un golpe de mar sobre el rostro
y luego adiós porque todo y nada puede explicarse en el amor y porque todo y nada se explica en nosotros y con nosotros.

Nocturno de Vermont - César Calvo

Me han contado también que allá las noches
tienen ojos azules
y lavan sus cabellos en ginebra.

¿Es cierto que allá en Vermont, cuando sueñas,
el silencio es un viento de jazz sobre la hierba?

¿Y es cierto que allá en Vermont los geranios
inclinan al crepúsculo,
y en tu voz, a la hora de mi nombre,
en tu voz, las tristezas?

O tal vez, desde Vermont enjoyado de otoño,
besada tarde a tarde por un idioma pálido
sumerges en olvido la cabeza.
Porque en barcos de nieve, diariamente,
tus cartas
no me llegan.
Y como el prisionero que sostiene
con su frente lejana
las estrellas:
chamuscadas las manos, diariamente
te busco entre la niebla.

Ni el galope del mar; atrás quedaron
inmóviles sus cascos de diamante en la arena.

Pero un viento más bello
amanece en mi cuarto,
un viento más cargado de naufragios que el mar.

(Qué luna inalcanzable
desmadejan tus manos
en tanto el tiempo temporal golpeando
como una puerta de silencio suena.)

Desde el viento te escribo.
Y es cual si navegaran mis palabras
en los frascos de nácar que los sobrevivientes
encargan al vaivén de las sirenas.

A lo lejos escucho
el estrujado celofán del río
bajar por la ladera.
(un silencio de jazz sobre la hierba.)

Y pregunto y pregunto:
¿Es cierto que allá en Vermont
las noches tienen ojos azules
y lavan sus cabellos en ginebra?

¿Es cierto que allá en Vermont los geranios
otoñan las tristezas?

¿Es cierto que allá en Vermont es agosto
y en este mar, ausencia…?

Para hacer el amor - Antonio Cisneros

Para hacer el amor
debe evitarse un sol muy fuerte sobre los ojos de la muchacha
tampoco es buena la sombra si el lomo del amante se achicharra
para hacer el amor.
Los pastos húmedos son mejores que los pastos amarillos
pero la arena gruesa es mejor todavía.
Ni junto a las colinas porque el suelo es rocoso ni cerca
de las aguas.
Poco reino es la cama para este buen amor.
Limpios los cuerpos han de ser como una gran pradera:
que ningún valle o monte quede oculto y los amantes
podrán holgarse en todos sus caminos.
La oscuridad no guarda el buen amor.
El cielo debe ser azul y amable, limpio y redondo como un techo
y entonces
la muchacha no vera el Dedo de Dios.
Los cuerpos discretos pero nunca en reposo,
los pulmones abiertos,
las frases cortas.
Es difícil hacer el amor pero se aprende.

sábado, octubre 14, 2017

Cueca de la palabra muerte- Rogelio Ramos Signes

Yo era el que hacía los paquetes.
Yo era el que (cuando la canción decía
“suelta el remo y ven a mis brazos”)
gritaba “que te quiero degollar”.
Yo era un argentinito típico
disfrazado de charro en las fiestas escolares
/ un mocolillo
/ un matuasto (zum zum) en medio de la siesta.
Yo era el que entraba al baño de las niñas
preguntando “¿Quién vive?”
/ el inspector González
/ el inglés de los güesos.
Yo era César El Capitán Sin Miedo (pero con miedo)
/ el primer Emotivo Anónimo de esta sociedad de consumo
/ el niño Bidú / el último de los Vargas.
En las noches de luna intensa
todavía
suelo armar paquetes que nada contienen
mientras esa gata en celo corre sobre los techos.
El olor profundo de la Hierba Luisa
penetra en mi almohada
como la palabra “muerte”
(como la palabra “fogueira”)
en un romance gótico
donde la doncella languidece y desmaya.
Por lo demás (depresivo y errático)
sigo siendo un argentino típico,
un español sin mezcla / sin calma
custodiando la fuente
donde la muchacha ciega y el monstruo conversan.

martes, agosto 29, 2017

Letanía de ganancias bélicas - Allen Ginsberg

Para Ezra Pound

Estos son los nombres de las compañías que han hecho
dinero en esta guerra
milnovecientossesentaiocho Annodomini cuatrocientos
ochenta hebráico
Estas son las Corporaciones que se han beneficiado del comercio
con fósforo que arde en la piel o de ojivas fragmentadas
en miles de punzantes agujas
y aquí enlistados los millones ganados por cada sociedad de
manufactura
y aquí las ganancias numeradas, inventariadas desde hace una década
puestas en orden
aquí nombrados los Padres en oficinas de las industrias, teléfonos,
dirigiendo finanzas
nombres de directores, hacedores de destinos y los nombres de los
accionistas de estos Agregados destinados,
y aquí están los nombres de sus embajadores en la Capital
representantes ante la legislatura, esos que se sientan bebiendo
en lobbies de hotel para persuadir
y aparte, enlistados, aquellos que dejan caer Anfetaminas con
milicias, chismes, discusiones,
y persuaden sugiriendo políticas, nombrando lenguaje,
proponiendo estrategias,
pagados como embajadores del Pentágono, consultores
militares pagados por su industria:
y estos son los nombres de los generales & capitanes militares,
quienes es sabido trabajan para los que manufacturan la guerra
y sobre éstos, enlistados, los nombres de los bancos, sociedades,
fideicomisos de inversión que controlan estas industrias:
y estos son los nombres de los periódicos propiedad de estos
bancos
y estos son los nombres de las estaciones de radio propiedad de esas
sociedades;
y estos son los números de miles de ciudadanos empleados
por las empresas nombradas;
y el inicio de este recuento es 1958 y en final
1968, que el inactivo sea contenido en una mente ordenada,
coherente y definida,
y el primer formulario de esta letanía comenzó
el primer día de diciembre de
1967 y lleva este poema más allá de estos Estados.

lunes, agosto 21, 2017

Dos ladrones - Lope de Boedo

Hay tres cruces y tres crucificados
en la más alta, al diome, el Nazareno.
En la del wing lloraba el chorro bueno
mangándole el perdón de sus pecados.

Escracho torvo; dientes apretados,
marcaba el otro lunfa el duro freno
del odío, y destilaba su veneno
con el rechifle de los rejugados.

¿No sos hijo de Dios? Dale. Salvate.
Sos el Rey de los Moishes, arranyate.
¿Por qué no te bajás? ¡Dale, che, guiso!

Jesús ni se mosquió. ¡Minga de bola!
Y le dijo al buen chorro: Estate piola
que hoy zarparás conmigo al Paraíso.

jueves, abril 13, 2017

Cristo en la Cruz - Jorge Luis Borges

Cristo en la cruz. Los pies tocan la tierra.
Los tres maderos son de igual altura.
Cristo no está en el medio. Es el tercero.
La negra barba pende sobre el pecho.
El rostro no es el rostro de las láminas.
Es áspero y judío. No lo veo
y seguiré buscándolo hasta el día
último de mis pasos por la tierra.
El hombre quebrantado sufre y calla.
La corona de espinas lo lastima.
No lo alcanza la befa de la plebe
que ha visto su agonía tantas veces.
La suya o la de otro. Da lo mismo.
Cristo en la cruz. Desordenadamente
piensa en el reino que tal vez lo espera,
piensa en una mujer que no fue suya.
No le está dado ver la teología,
la indescifrable Trinidad, los gnósticos,
las catedrales, la navaja de Occam,
la púrpura, la mitra, la liturgia,
la conversión de Guthrum por la espada,
la Inquisición, la sangre de los mártires,
las atroces Cruzadas, Juana de Arco,
el Vaticano que bendice ejércitos.
Sabe que no es un dios y que es un hombre
que muere con el día. No le importa.
Le importa el duro hierro de los clavos.
No es un romano. No es un griego. Gime.
Nos ha dejado espléndidas metáforas
y una doctrina del perdón que puede
anular el pasado. (Esa sentencia
la escribió un irlandés en una cárcel.)
El alma busca el fin, apresurada.
Ha oscurecido un poco. Ya se ha muerto.
Anda una mosca por la carne quieta.
¿De qué puede servirme que aquel hombre
haya sufrido, si yo sufro ahora?


viernes, febrero 03, 2017

Los treinta y tres nombres de Dios - Marguerite Yourcenar

1.
Mar de mañana.

2.
Ruido de la
fuente en
las rocas
sobre las lajas
de piedra.

3.
Viento del mar
la noche,
en una isla.

4.
Abeja.

5.
Vuelo triangular
de los cisnes.

6.
Cordero recién nacido
carnero hermoso
oveja.

7.
El morro
de la vaca
el morro salvaje
del toro.

8.
El morro
paciente del
buey.

9.
El fuego rojo
en el hogar.

10.
El camello
cojo
que atravesó la
gran ciudad atascada
camino a su muerte.

11.
La yerba
El olor a la yerba.

12.
...

13.
La buena tierra
La arena
y la ceniza.

14.
La garza que
esperó toda la
noche, casi helada,
y que al fin
apacigua su
hambre al alba.

15.
El pequeño pez
que agoniza
en la garganta
de la garza.

16.
La mano,
que se pone en
contacto
con las cosas.

17.
La piel, por
toda la superficie
del cuerpo.

18.
La mirada
y aquello que mira.

19.
Las nueve puertas
de la
percepción.

20.
El torno
humano.

21.
El sonido de una
viola o de una
flauta indígena.

22.
Un sorbo
de bebida
fría o
caliente.

23.
El pan.

24.
Las flores
que brotan
de la tierra
en primavera.

25.
Tener sueño
en una cama.

26.
Un ciego
que canta
y un niño
enfermo.

27.
Caballo que
corre
en libertad.

28.
La mujer-
de-los-perros.

29.
Los camellos
que se abrevan
con sus pequeños
en el arduo
guad.

30.
Sol naciente
sobre un lago
aún helado
a medias.

31.
El silencioso
relámpago
El rayo
estrepitoso.

32.
El silencio
entre dos amigos.

33.
La voz que viene
del este,
entra por la oreja
derecha
y enseña un canto.

lunes, enero 30, 2017

Una nota en la nevera - Pedro Ramos

Tienes la cena en el microondas
brécol y algo de carne
ternera
los papeles sobre la mesa
sobras de ayer
de postre, flan de chocolate.

No acuestes tarde a la niña
te dejo la cartilla con el número de cuenta
recuerda que mañana
tiene gimnasia
los papeles del paro y del seguro
el chándal está en el segundo estante
recuerda que se ponga el aparato para dormir
no le leas otra vez el mismo cuento
y no dejes
no dejes que crezca torcida.

No volveré.
Tampoco tarde.



jueves, julio 23, 2015

Juan y María - André Velloso

Ahora yo era el héroe
y mi caballo sólo hablaba inglés
La novia del cowboy
era usted,
además de otras tres.
Yo enfrentaba los batallones,
los alemanes y sus cañones.
Guardaba mi arma
y ensayaba un rock
para la matiné


Ahora yo era el rey,
era el bedel y era también juez.
Y por mi ley
la gente era obligada a ser feliz.
Y usted era la princesa
que yo hice coronar.
Y era tan linda de admirar
que andaba desnuda por mi país


No, no huya, no
finja que ahora yo era su juguete
yo era su peón, 
su mascota preferida.
Si, deme la mano,
que la gente ahora ya no tenga miedo
En el tiempo de maldad
creo que la gente no había nacido.

Ahora era inevitable
que este hacer-de-cuenta terminase así.
Más allá del patio
era una noche que no tenía fin.
Porque usted se hundió en el mundo
sin avisarme
Y ahora yo era un loco preguntando
qué es lo que la vida va a hacer de mí.

lunes, junio 23, 2014

Tractatus de sortilegiis - Oscar Hahn

En el jardín había unas magnolias curiosísimas, oye,
unas rosas re-raras, oh,
y había un tremendo olor a incesto, a violetas macho,
y un semen volando de picaflor en picaflor.
Entonces entraron las niñas en el jardín,
llenas de lluvia, de cucarachas blancas,
y la mayonesa se cortó en la cocina
y sus muñecas empezaron a menstruar.
Te pillamos in fraganti limpiándote el polen
de la enagua, el néctar de los senos, ves tú?
Alguien viene en puntas de pie, un rumor de pájaros
pisoteados, un esqueleto naciendo entre organzas,
alguien se acercaba en medio de burlas y fresas
y sus cabellos ondearon en el charco
llenos de canas verdes.
Dime, muerta de risa, adónde llevas
ese panal de abejas libidinosas.
Y los claveles comenzaron a madurar brilloso
y las gardenias a eyacular coquetamente, muérete,
con sus durezas y blanduras y patas
y sangre amarilla, aj!
No se pare, no se siente, no hable
con la boca llena
de sangre:
que la sangre sueña con dalias
y las dalias empiezan a sangrar
y las palomas abortan cuervos
y claveles encinta
y unas magnolias curiosísimas, oye,
unas rosas re-raras, oh.

lunes, septiembre 23, 2013

San Martín - Pablo Neruda

Anduve, San Martín, tanto y de sitio en sitio
que descarté tu traje, tus espuelas, sabía
que alguna vez, andando en los caminos
hechos para volver, en los finales
de cordillera, en la pureza
de la intemperie que de ti heredarnos,
nos íbamos a ver de un día a otro.

Cuesta diferenciar entre los nudos
de ceibo, entre raíces,
entre senderos señalar tu rostro,
entre los pájaros distinguir tu mirada,
encontrar en el aire tu existencia.

Eres la tierra que nos diste, un ramo
de cedrón que golpea con su aroma,
que no sabemos dónde está, de dónde
llega su olor de patria a las praderas.
Te galopamos, San Martín, salimos
amaneciendo a recorrer tu cuerpo,
respiramos hectáreas de tu sombra,
hacemos fuego sobre tu estatura.

Eres extenso entre todos los héroes.

Otros fueron de mesa en mesa,
de encrucijada en torbellino,
tú fuiste construido de confines,
y empezamos a ver tu geografía,
tu planicie final, tu territorio.

Mientras mayor el tiempo disemina
como agua eterna los terrones
del rencor, los afilados
hallazgos de la hoguera,
más terreno comprendes, más semillas
de tu tranquilidad pueblan los cerros,
más extensión das a la primavera.

El hombre que construye es luego el humo
de lo que construyó, nadie renace
de su propio brasero consumido:
de su disminución hizo existencia,
cayó cuando no tuvo más que polvo.

Tu abarcaste en la muerte más espacio.

Tu muerte fue un silencio de granero.
Pasó la vida tuya, y otras vidas,
se abrieron puertas, se elevaron muros
y la espiga salió a ser derramada.

San Martín, otros capitanes
fulguran más que tú, llevan bordados
sus pámpanos de sal fosforescentes,
otros hablan aún como cascadas,
pero no hay uno como tú, vestido
de tierra y soledad, de nieve y trébol.
Te encontramos al retornar del río,
te saludamos en la forma agraria
de la Tucumania florida,
y en los caminos, a caballo
te cruzamos corriendo y levantando
tu vestidura, padre polvoriento.

Hoy el sol y la luna, el viento grande
maduran tu linaje, tu sencilla
composición: tu verdad era
verdad de tierra, arenoso amasijo,
estable como el pan, lámina fresca
de greda y cereales, pampa pura.

Y así eres hasta hoy, luna y galope,
estación de soldados, intemperie,
por donde vamos otra vez guerreando,
caminando entre pueblos y llanuras,
estableciendo tu verdad terrestre,
esparciendo tu germen espacioso,
aventando las páginas del trigo.

Así sea, y que no nos acompañe
la paz hasta que entremos
después de los combates, a tu cuerpo
y duerma la medida que tuvimos
en tu extensión de paz germinadora.

lunes, junio 03, 2013

La atristadita - Jorge Ariel Madrazo

La atristadita que alza contentezas
dándote el maíz que bienmente te apaña.
La ofrecedora de aguas comunales.
La que en broncas pupilas se deshoja
(Vida enhiesta en áurea permanencia)
La que ábrese entera sin rogar a cambio.
La que te da de mamar en la boca
tal energía para el arduo trance.
La que derrama abrojos de lindura
prendiéndose en el alma para un siempre.
La compa amiga amada y tan muy mucho,
la que exprime naranjas a tu paso,
la que torna posible que estés vivo
con el vino y el alma a fuego lento.

sábado, marzo 02, 2013

Dolor de garganta - Javier Krahe

En las antípodas todo es idéntico, / tienen teléfonos, tienen semáforos / con automóviles con sancristóbales, / muchos estómagos están a régimen. / Tienes políticos más bien estúpidos / pero son súbditos muy pusilánimes. / En las antípodas todo es idéntico, / idéntico a lo autóctono.

La problemática es económica / y en lo teórico no son unánimes, / lo hay escépticos, los hay fanáticos, / pero en la práctica no ves apóstatas / sino en los márgenes o con prismáticos. / Y unos on míseros, otros son prósperos, / en las antípodas todo es idéntico, / idéntico a lo autóctono.

Hay mundo artístico con gente excéntrica, / mundo científico con catedráticos / y cuerpo médico y casos clínicos. / La gente rústica puebla las fábricas / y los hipódromos los aristócratas. / Ciertos filósofos sienten escrúpulos. / En las antípodas todo es idéntico, / idéntico a lo autóctono.

Algunos fármacos son ilegítimos / pero hay gran tráfico, lo cual es lógico / porque los réditos son astronómicos / y hay muchas víctimas, hay muchas cárceles. Voces hipócritas piden, coléricas / medidas drásticas, sillas eléctricas. / En las antípodas todo es idéntico, / idéntico a lo autóctono.

Los eclesiásticos desde sus púlpitos / causan catástrofes, y los omnímodos / poderes fácticos hazañas bélicas / y actos vandálicos los energúmenos, / y los pacíficos, actos inútiles. / Entre los lúcidos cunde el desánimo. / En las antípodas todo es idéntico, / idéntico a lo autóctono.

Se dan fenómenos de rara índole: / idéntico a lo autóctono, / madres estériles con partos múltiples, / idéntico a lo autóctono, / problemas étnicos con los indígenas, / idéntico a lo autóctono, / falsas polémicas con los satélites, / idéntico a lo autóctono, / grandes espíritus viven recónditos, / idéntico a lo autóctono, / y hay lodos tóxicos abundantísimos... 

En otros términos que están incómodos. / Pero es fantástico, martes y miércoles, / jueves y sábados, lunes y vísperas, / dan espectáculo con el esférico, / y allí, al unísono, arman escándalo / y es como un bálsamo para sus ánimas. / En las antípodas todo es idéntico, / idéntico a lo autóctono.

martes, enero 01, 2013

Después de las fiestas - Julio Cortázar

Cuando todo el mundo se iba / y nos quedábamos los dos / entre vasos vacíos y ceniceros sucios, qué hermoso era saber que estabas / ahí como un remanso, / sola conmigo al borde de la noche, / y que durabas, eras más que el tiempo, eras la que no se iba / porque una misma almohada / y una misma tibieza / iba a llamarnos otra vez / a despertar al nuevo día, / juntos, riendo, despeinados

lunes, diciembre 17, 2012

El desayuno - Luis Alberto de Cuenca

Me gustas cuando dices tonterías,/ cuando metes la pata, cuando mientes, / cuando te vas de compras con tu madre / y llego tarde al cine por tu culpa. / Me gustas más cuando es mi cumpleaños / y me cubres de besos y de tartas, / o cuando eres feliz y se te nota, / o cuando eres genial con una frase / que lo resume todo, o cuando ríes / (tu risa es una ducha en el infierno), / o cuando me perdonas un olvido. / Pero aún me gustas más, tanto que casi / no puedo resistir lo que me gustas, / cuando, llena de vida, te despiertas / y lo primero que haces es decirme: / "Tengo un hambre feroz esta mañana. / Voy a empezar contigo el desayuno."

De "El hacha y la rosa", 1993.

lunes, diciembre 03, 2012

A la carta - Roque Dalton

Sírvame la ópera Madame Butterfly / término medio / con salsa de maní picante / y un poco de gobierno español / con trocitos de invierno. Después me trae a un soldado de la Primera Brigada de Artillería / en completo estado de ebriedad / un par de mirtos / la erupción del Krakatoa / y el servicio postal a la luz de la filosofía. De beber / algo que no desmaye en su difícil pero honrosa tarea. Los postres se los pediré después. Ah / y palillos de dientes.

lunes, julio 30, 2012

Junto a mi cabecera - Jesús Orta Ruiz. (Cuba, 1922-2005)

Junto a mi cabecera/ una mujer marchita,/ celosa de la muerte,/ está velando día y noche,/ atenta a mis orines y mis heces fecales,/ sustituyendo con los ojos suyos/ los míos obsoletos,/ dándome el alimento como a un niño,/ bañándome, vistiéndome, besándome,/ acariciándome las manos./ En un ambiente así/ _ no luna, no balcón, no prímola_,/ si Romeo y Julieta/ no hubieran decidido suicidarse/ y hubiesen arribado a la vejez/ ella, caído el seno y desdentada,/ poniéndole un enema a su galán montesco;/ él, enferma la próstata/ y consumido el falo,/ ¿se mantendría la promesa del amor eterno?/ No sé:/ pero el amor en las postrimerías/ es más prueba de amor que el suicidarse/ una joven pareja enamorada,/ pues los muertos no ven su pudrición./ Nosotros, sin embargo, pudriéndonos en vida,/ palpando nuestras ruinas como los jaramagos,/ continuamos amándonos,/ cambiamos la pasión por la ternura/ y reafirmamos que es posible/ la eternidad del amor.

sábado, enero 07, 2012

Currículum . Mario Benedetti


usted ama / se transfigura y ama / por una eternidad tan provisoria / que hasta el orgullo se le vuelve tierno / y el corazón profético / se convierte en escombros

usted aprende / y usa lo aprendido / para volverse lentamente sabio / para saber que al fin el mundo es esto / en su mejor momento una nostalgia / en su peor momento un desamparo / y siempre siempre / un lío

entonces / usted muere.

miércoles, febrero 16, 2011

Todo en un mismo día - Matilde Alba Swann

Lo pregonó la policial de diarios.
Murió carbonizada una criatura!
Sobre cemento en abrojal miseria.

Una vivienda de madera y latas,
murió carbonizada una criatura.

Tal vez sin tiempo siquiera a tener nombre,
murió carbonizada una criatura.

En el vaho primero de la escarcha,
murió carbonizada una criatura.

Mientras los zares del deporte estaban
alimentando pollas para el fútbol
murió carbonizada una criatura.

Mientras crecían los Casinos altos,
como altivas blasfemas catedrales,
murió carbonizada una criatura.

Mientras la ley pulía sus incisos
en creciente limado a libertades
murió carbonizada una criatura.

Fue en la ciudad de Buenos Aires,
fría,
hoguera y fría mansión de vendavales,
murió carbonizada una criatura.

Quedó sin ojos, sin dolor, sin manos,
y sin hambre, también... sólo un borroso
corazón de cuna. Era un pájaro triste
el que elevaba, con sus plumas de humo.
Todo en un mismo día, sucedió.
Murió carbonizada una criatura.

Eso es también historia, no lo olviden.
No habrá bronces ni mármoles, la nada
sublimará su efímera presencia,
pero es también historia, no lo olviden.

Tomado de: Con un hijo bajo el brazo, 1991

sábado, enero 01, 2011

A media pierna – Hamlet Lima Quintana

Le pusieron un grillo a media pierna
Lo condenaron a vivir a medias
Le escondieron la paz, y la sonrisa
Le pusieron el pan a media rienda
Pero él seguía caminando.

Le vendieron la luna, cada noche
Lo fueron lentamente atornillando
Le tuvieron las manos ocupadas
Le sumaron la pena y las estafas
Pero él seguía caminando.

Le pusieron las piedras por delante
Le taparon la boca, por si acaso
Le abrieron una herida por la espalda
Le sumaron olvido a la condena
Pero él seguía caminando.

De lejos, bien mirado
cuando ya era horizonte,
se asemejaba al viento,
aunque según parece
él caminaba potente
como el Pueblo!

Espergesia - César Vallejo

Yo nací un día
que Dios estuvo enfermo.

Todos saben que vivo,
que soy malo; y no saben
del diciembre de ese enero.
Pues yo nací un día
que Dios estuvo enfermo.

Hay un vacío
en mi aire metafísico
que nadie ha de palpar:
el claustro de un silencio
que habló a flor de fuego.

Yo nací un día
que Dios estuvo enfermo.

Hermano, escucha, escucha...
Bueno. Y que no me vaya
sin llevar diciembres,
sin dejar eneros.
Pues yo nací un día
que Dios estuvo enfermo.

Todos saben que vivo,
que mastico... y no saben
por qué en mi verso chirrían,
oscuro sinsabor de ferétro,
luyidos vientos
desenroscados de la Esfinge
preguntona del Desierto.

Todos saben... Y no saben
que la Luz es tísica,
y la Sombra gorda...
Y no saben que el misterio sintetiza...
que él es la joroba
musical y triste que a distancia denuncia
el paso meridiano de las lindes a las Lindes.

Yo nací un día
que Dios estuvo enfermo,
grave.

domingo, mayo 24, 2009

Amor de frutas - Gioconda Belli

Déjame que esparza / manzanas en tu sexo /néctares de mango / carne de fresas; 

Tu cuerpo son todas las frutas.

Te abrazo y corren las mandarinas; / te beso y todas las uvas sueltan / el vino oculto de su corazón / sobre mi boca. / Mi lengua siente en tus brazos / el zumo dulce de las naranjas / y en tus piernas el promegranate / esconde sus semillas incitantes.

Déjame que coseche los frutos de agua / que sudan en tus poros:

Mi hombre de limones y duraznos, / dame a beber fuentes de melocotones y bananos / racimos de cerezas.

Tu cuerpo es el paraíso perdido / del que nunca jamás ningún Dios / podrá expulsarme.

Non omnis moriar - Manuel Gutierrez Nájera

¡No moriré del todo, amiga mía! / De mi ondulante espíritu disperso, / algo en la urna diáfana del verso, / piadosa guardará la poesía.

¡No moriré del todo! Cuando herido / caiga a los golpes del dolor humano, / ligera tú, del campo entenebrido / levantarás al moribundo hermano.

Tal vez para entonces por la boca inerme / que muda aspira la infinita calma, / oigas la voz de todo lo que duerme / con los ojos abiertos de mi alma.

Hondos recuerdos de fugaces días, / ternezas tristes que suspiran solas; / pálidas, enfermizas alegrías / sollozando al compás de las violas...

Todo lo que medroso oculta el hombre / se escapará vibrante, del poeta, / en áureo ritmo de oración secreta / que invoque en cada cláusula tu nombre.

Y acaso adviertas que de modo extraño / suenan mis versos en tu oído atento, / y en el cristal, que con mi soplo empaño, / mires aparecer mi pensamiento.

Al ver entonces lo que yo soñaba, / dirás de mi errabunda poesía: / era triste, vulgar lo que cantaba... / mas, ¡qué canción tan bella la que oía!

Y porque alzo en tu recuerdo notas / del coro universal, vívido y almo; / y porque brillan lágrimas ignotas / en el amargo cáliz de mi salmo;

porque existe la Santa Poesía / y en ella irradias tú, mientras disperso / átomo de mi ser esconda el verso, / ¡no moriré del todo, amiga mía!

domingo, abril 26, 2009

Alta Traicción - José Emilio Pacheco

No amo mi Patria. Su fulgor abstracto / es inasible. 
Pero (aunque suene mal) daría la vida / por diez lugares suyos, cierta gente, / puertos, bosques de pinos, fortalezas, / una ciudad deshecha, gris, monstruosa, / varias figuras de su historia, / montañas / (y tres o cuatro ríos). 

Enemigo Intimo - Antonio Gala

Hay tardes en que todo / huele a enebro quemado / y a tierra prometida. / Tardes en que está cerca el mar y se oye / la voz que dice: "Ven". / Pero algo nos retiene todavía / junto a los otros: el amor, el verbo / transitivo, con su pequeña garra / de lobezno o su esperanza apenas. / No ha llegado el momento. La partida / no puede improvisarse, porque sólo / al final de una savia prolongada, / de una pausada sangre, / brota la espiga desde / la simiente enterrada.

En esas largas / tardes en que se toca casi el mar / y su música, un poco / más y nos bastaría / cerrar los ojos para morir. Viene / de abajo la llamada, del lugar / donde se desmorona la apariencia / del fruto y sólo queda su dulzor. / Pero hemos de aguardar / un tiempo aún: más labios, más caricias, / el amor otra vez, la misma, porque / la vida y el amor transcurren juntos / o son quizá una sola / enfermedad mortal.

Hay tardes de domingo en que se sabe / que algo está consumándose entre el cálido / alborozo del mundo, / y en las que recostar sobre la hierba / la cabeza no es más que un tibio ensayo / de la muerte. Y está / bien todo entonces, y se ordena todo, / y una firme alegría nos inunda / de abril seguro. Vuelven / las estrellas el rostro hacia nosotros / para la despedida. /
Dispone un hueco exacto / la tierra. Se percibe / el pulso azul del mar. "Esto era aquello". / Con esmero el olvido ha principiado / su menuda tarea... 

Y de repente / busca una boca nuestra boca, y unas / manos oprimen nuestras manos y hay / una amorosa voz / que nos dice: "Despierta. / Estoy yo aquí. Levántate". Y vivimos. 

domingo, abril 12, 2009

Altri Tempi - Ana Emilia Lahitte

Las salas enfundadas como inmensas corolas. y  un secreto soleado: / el país de los patios. (Se decía glicina, heliotropo, diamela, / como ahora se dice ADN, sidaico). Aquel cielo privado / con chicos y canarios y huertos y murales de macetas pintadas / era de veras cielo. (Entonces, lo ignorábamos). / Nunca imaginamos que lo fuese, hasta ahora, en que hemos / cumplido nuestros propios infiernos). Aquellos cielos / bajos, a ras de tierra, humanos. Todavía a salvo. Allí donde ser niño / era  tener abuelos en la casa y amarlos, / dejándolos vivir libres de vaciaderos de viejos: / adiestrados espectros que siempre se demoran demasiado /  en morir y dejar limpio el mundo, / que ya no tiene patios, ni destino, ni tiempo.

Ser niño era pedirles que nos dieran la mano, porque teníamos miedo. / Y volver a pedirles que nos contaran cuentos  (que eran verdad, / ahora lo sabemos) Y llorar junto a ellos penitencias y encierros: / “había que educarnos”... (Se decía señor y plegaria / respeto, con limpio olor a incienso y a sopa obligatoria, / a almidones y ungüentos). / Se decía Maestro, y en el cuaderno único cabía el universo. / El padre, con arrestos de patriarca doméstico, “tenía autoridad” / y la madre dulzura, por amor o por tedio. / Lo cierto es que la casa nunca estaba vacía / (la mesa familiar, otra inútil reliquia) y la abuela, el abuelo / -una especie de puerto del buen regreso- / eran sencillamente viejos: con todos los derechos a morir / en su casa, en su cama, en su llaga, en su pulso, en su tiempo. / Sin adiós intensivo. Sin pactos terminales de abandono y silencio. / En fin, sólo fantasmas de cielos y otros tiempos.  

Yo soy de allí - Mahmud Darwish

Yo soy de allí. Y tengo recuerdos. Nací como nace la gente. Tengo una madre y una casa con muchas ventanas. Tengo hermanos, amigos, y una cárcel con una fría ventana.
Tengo una ola que han raptado las gaviotas, un paisaje favorito, una hierba silvestre, una luna en los confines de la palabra, la subsistencia de los pájaros y un olivar inmortal.
He pasado por la tierra antes de que las espadas pasaran por un cuerpo al
  que convirtieron en mesa.
Yo soy de allí. Retorno el cielo a su madre cuando llora por su madre y lloro para que me reconozca la nube a su regreso.
He aprendido, para romper la regla, todas las palabras apropiadas en el tribunal de la sangre.
He aprendido todo el lenguaje y lo he deshecho para componer una única palabra: Patria…

domingo, abril 05, 2009

No quiero paz, no hay paz - Jaime Sabines

No quiero paz, no hay paz, / quiero mi soledad. / Quiero mi corazón desnudo / para tirarlo a la calle, / quiero quedarme sordomudo. / Que nadie me visite, / que yo no mire a nadie, / y que si hay alguien, como yo, con asco, / que se lo trague. / Quiero mi soledad, / no quiero paz, no hay paz.

martes, marzo 24, 2009

Regresaré - Antonio Guerrero

Regresaré y le diré a la vida / He vuelto para ser tu confidente. / De norte a sur le entregaré a la gente / La parte del amor en mí escondida. 

Regresaré la alegría desmedida / De quien sabe reír humildemente. / De este a oeste levantaré la frente / Con la bondad de siempre prometida.

Por donde pasó el viento, crudo y fuerte, / Iré a buscar las hojas del camino / Y apagaré sus sueños de tal suerte

Que no puedan volar en torbellino. / Cantaré mis canciones al destino / Y con mi voz haré temblar la muerte.

 

Llanto de las Virtudes y Coplas por la Muerte de Don Guido – Antonio Machado

Al fin, una pulmonía / mató a Don Guido, y están / las campanas todo el día / doblando por él: ¡din, dan! / murió don Guido, un señor / de mozo muy jaranero, / muy galán y algo torero; / de viejo gran rezador. 

Dicen que tuvo un serrallo / este señor de Sevilla; / que era diestro / en manejar el caballo, / y un maestro / en refrescar manzanilla.

Cuando mermó su riqueza / era su monomanía / pensar que pensar debía / en asentar la cabeza / y asentóla / de una manera española, / que fue a casarse con una / doncella de gran fortuna.

Y repintar sus blasones / hablar de las tradiciones / de su casa, / a escándalos y amoríos / poner tasa, / sordina a sus desvaríos.

Gran pagano / se hizo hermano / de una santa cofradía; / el Jueves Santo salía, / llevando un cirio en la mano / -¡aquel trueno!- / vestido de nazareno.

Hoy nos dice la campana / que han de llevarse mañana / al buen Don Guido muy serio / camino del cementerio. / ¿Tu amor a los alamares / y a las sedas y a los oros / y a la sangre de los toros / y al humo de los altares?

¡Oh fin de una aristocracia! / La barba canosa y lacia / sobre el pecho; /
metido en tosco sayal / las yertas manos en cruz, / ¡tan formal! / el caballero andaluz. 

Epitafio para Joaquín Pasos – Ernesto Cardenal & Joan Manuel Serrat

Aquí pasaba a pie  / por estas calles. / Sin empleo ni puesto / y sin un peso. / Sólo poetas, putas y picados / conocieron sus versos. / Nunca estuvo en el extranjero. / Estuvo preso. /  
Ahora está muerto. / No tiene ningún monumento

Pero recordadle / cuando tengáis puentes de concreto, / grandes turbinas, / tractores, / plateados graneros, / buenos gobiernos. / Porque él purificó  / en sus poemas / el lenguaje de su pueblo, / en el que un día / se escribirán los tratados de comercio, / la Constitución, / las cartas de amor,  / y los decretos.

Esta es la versión musicalizada por Joan Manuel Serrat en su "Para piel de manzana"

sábado, marzo 14, 2009

El Criminal - Jorge Accame

¿Por qué no he sido por ejemplo / un cafisho / rodeado por los escotes gritones de mis mujeres / aspirando el perfume de luces rojas? / ¿Soy tan diferente / a lo que no he sido? / Podría perfectamente estar / pudriéndome en cualquier cárcel turca / por haber matado a algún idiota en una pelea.

Mis hijos duermen en la habitación contigua / y mi legítima esposa mañana / me despertará con un beso y me dirá te quiero / amor es un hermoso día. Y yo / pienso en el otro que soy mirándome / tras los barrotes del calabozo / que jadea atestado de asesinos o / desde una esquina, apoyado contra la pared / mientras decenas de tacos altos escurren sus ecos / por las calles de la noche. Un hermoso día amor y yo / que nunca podré saciar los lugares / que claman por mí como pozos hambrientos.

Maldita Sea – Daniel Salzano

Todas las noches / al dar las nueve / se sienta solo / a ver la tele. / Unas papitas / unos palitos / bastante whisky / pocos cubitos. / Le da lo mismo / cualquier programa / lo que no quiere / es irse a la cama. / Hace unos días / que lo ha dejado / le sobra cama / por todos lados.

Todas las noches de mal en peor / ella se ha ido / maldita sea / cuánto dolor.

Qué cosa extraña / los sentimientos / te hacen pedazos / en un momento. / Mucho desorden / sombra de barba / cincuenta puchos / soberbia parva / No está en el baño / ni en la terraza / no está en ningún / lugar de la casa. / Quedan retratos / y algún vestido / pero no hay caso / ella se ha ido.

Todas las noches de mal en peor / ella se ha ido / maldita sea / cuánto dolor.

Todas las noches / al dar la una / camina un rato / bajo la luna / A esa hora /no hay mucha gente / solo unas locas / fosforescentes / Nadie lo mira / no mira a nadie / cierra los ojos / cruza las calles / Probablemente / si la encontrara / le haría todo / no haría nada.

Todas las noches de mal en peor / ella se ha ido / maldita sea / cuánto dolor.

Cuando regresa / de madrugada / vuelve a la casa / llevando nada / Igual que cuando / dieron las nueve / se sienta solo / a ver la tele / Dan una muda /con Greta Garbo / la mira un rato / sigue de largo

Le da lo mismo / cualquier programa / lo que no quiere / es irse a la cama.

Todas las noches de mal en peor / ella se ha ido / maldita sea/ cuánto dolor.

Posibilidades - Wislawa Szymborska

Prefiero el cine. / Prefiero los gatos. / Prefiero los robles a orillas del río. / Prefiero Dickens a Dostoievski. / Prefiero que me guste la gente / a amar a la humanidad. / Prefiero tener en la mano hilo y aguja. / Prefiero no afirmar / que la razón es la culpable de todo. / Prefiero las excepciones. / Prefiero salir antes. / Con los médicos prefiero hablar de otra cosa. / Prefiero las viejas ilustraciones. / Prefiero lo ridículo de escribir poemas / a lo ridículo de no escribirlos. / En el amor prefiero los aniversarios / que se celebran todos los días. / Prefiero a los moralistas / que no me prometen nada. / Prefiero la bondad del sabio a la del demasiado crédulo. / Prefiero la tierra vestida de civil. / Prefiero los países conquistados a los conquistadores. / Prefiero tener reservas. / Prefiero el infierno del caos al infierno del orden. / Prefiero los cuentos de Grimm a las primeras planasdel periódico. / Prefiero las hojas sin flores a la flor sin hojas. / Prefiero los perros con la cola sin cortar. / Prefiero los ojos claros porque los tengo oscuros. / Prefiero los cajones. / Prefiero muchas cosas que aquí no he mencionado / a muchas otras que tampoco he dicho. / Prefiero el cero solo / al que hace cola en una cifra. / Prefiero el tiempo de los insectos al tiempo de las estrellas. / Prefiero tocar madera. / Prefiero no preguntar cuánto me queda y cuándo. / Prefiero tomar en cuenta incluso la posibilidad / de que todo tiene una razón de ser.

domingo, noviembre 16, 2008

El Angel de las Piernas Tuertas - Vinicius de Moraes

A un pase de Didí, Garrincha avanza / con el cuero a los pies, el ojo atento, / marea una vez, y dos, luego descansa / como midiendo el riesgo del momento.

Tiene el presentimiento, y va y se lanza / más rápido que el propio pensamiento, / marea dos veces más, la bola danza / feliz entre sus pies, ¡los pies del viento!

En éxtasis, la multitud contrita, / en un acto de muerte se alza y grita / en unísono canto de esperanza.

Garrincha, el ángel, oye y asiente: ¡goooool! / Es pura imagen: la G patea la O / dentro del arco, la L. ¡Es pura danza!".

Príncipe del Manicomio - Adrián Abonizio

Soy el rey / de la charca más sudaca, / comprendí que no se ataca / la mano que da’ e comer. / Me contaron / me bajaron de la rama, / me marearon en la cama / de este barco japonés, / y en un hueco / de electrodo y pis de gato, / desayuno asesinatos / con fondo de Luis Miguel. / Me nombraron  / príncipe del manicomio / de tanto ver al demonio / en la borra del café.

Por eso amor te pido, no me olvides.

Siempre creímos / que lo cerca estaba lejos, / que lo blanco del espejo / era polvo del común. / Activistas / para un mundo estrafalario, / marionetas sin salario, / manejadas al tun-tun, / Hoy soy héroe / de un electro medicado, / un cobayo transtornado / por la granza del doctor. / Tanto tiempo / abonado a este abismo, / me hice guía de turismo / recorriendo el pabellón.

Por eso amor te pido, no me olvides.

Por la noche / desvelados enfermeros / me dicen “sos el primero / que se va a tomar el tren”, / y te escribo  / en papel de medicamento / antes de que me haga efecto /  la redonda que tome. / Ya es de noche, / las estrellas en el frasco, / sobre el hospital carrasco, / simulan amanecer. / Y te escribo, / calladito y tan contento, / hoy por fin al fin recuerdo / tu nombre que olvidé. 

Por eso amor te pido, no me olvides / por eso amor te pido / querida Inés / por eso amor te pido / Ester / por eso amor te pido / Grisel / por eso amor te pido / Mariel / por eso amor te pido / Raquel / por eso amor te pido / como te llames, / yo grabé nombres que quiero / yo grabé nombres que quiero. 

Por eso amor te pido... 

Yo Aquí me Despido - Pablo Neruda

Yo aquí me despido, vuelvo / a mi casa, en mis sueños,  / vuelvo a la Patagonia en donde  / el viento golpea los establos / y salpica hielo el Océano.  / Soy nada más que un poeta: os amo a todos, /  ando errante por el mundo que amo:  / en mi patria encarcelan mineros  / y los soldados mandan a los jueces. /  Pero yo amo hasta las raíces  / de mi pequeño país frío. / Si tuviera que morir mil veces / allí quiero morir:  / si tuviera que nacer mil veces, /  allí quiero nacer,  / cerca de la araucaria salvaje  / del vendaval del viento sur,  / de las campanas recién compradas. /  Que nadie piense en mí.  / Pensemos en toda la tierra, /  golpeando con amor en la mesa. /  No quiero que vuelva la sangre  / a empapar el pan, los frijoles, / la música: quiero que venga  / conmigo el minero, la niña,  / el abogado, el marinero, / el fabricante de muñecas,  / que entremos al cine y salgamos  / a beber el vino más rojo. 

Yo no vengo a resolver nada.  

Yo vine aquí para cantar  / y para que cantes conmigo.  

domingo, octubre 05, 2008

Milonga de dos Hermanos - Jorge Luis Borges

Traiga cuentos la guitarra / de cuando el fierro brillaba, / cuentos de truco y de taba, /  de cuadreras y de copas, / cuentos de la Costa Brava / y el Camino de las Tropas.

Venga una historia de ayer / que apreciarán los más lerdos; / el destino no hace acuerdos / y nadie se lo reproche- / ya estoy viendo que esta noche / vienen del Sur los recuerdos.

Velay, señores, la historia / de los hermanos Iberra, / hombres de amor y de guerra / y en el peligro primeros, / la flor de los cuchilleros / y ahora los tapa la tierra.

Suelen al hombre perder / la soberbia o la codicia: / también el coraje envicia / a quien le da noche y día / el que era menor debía / más muertes a la justicia.

Cuando Juan Iberra vio / que el menor lo aventajaba, / la paciencia se le acaba / y le armó no sé qué lazo / le dio muerte de un balazo, / allá por la Costa Brava.

Sin demora y sin apuro / lo fue tendiendo en la vía / para que el tren lo pisara. / El tren lo dejó sin cara, / que es lo que el mayor quería.

Así de manera fiel / conté la historia hasta el fin; / es la historia de Caín / que sigue matando a Abel.