Antes de que apaguen las luces
no leeré tus errores ni tus aciertos.
El tiempo se fue.
Te diré buenas noches, cerraré la puerta,
diré que te amo una vez más.
El tiempo se fue.
Así que, aquí lo tenés:
no soy tu hijo, no sos mi padre,
solo somos dos hombres adultos despidiéndonos.
No hay necesidad de perdonar, no hay necesidad de olvidar.
Conozco tus errores y vos conocés los míos,
y mientras dormís intentaré que te sientas orgulloso.
Así que, papi, ¿no cerrás los ojos?
No temas, es mi turno
de hacer que los monstruos se vayan.
Bueno, te leeré un cuento.
La única diferencia es que este es verdad.
El tiempo se fue.
Doblé tu ropa en la silla,
espero que duermas bien, no tengas miedo.
El tiempo se fue.
Así que, aquí lo tenés:
no soy tu hijo, no sos mi padre,
solo somos dos hombres adultos despidiéndonos.
No hay necesidad de perdonar, no hay necesidad de olvidar.
Conozco tus errores y conocés los míos,
y mientras dormís intentaré que te sientas orgulloso
Así que, papi, ¿no cerrás los ojos?
No temas, es mi turno
de hacer que los monstruos se vayan.
Dormí toda la vida,
sí, y pronunciá una última palabra.
Podés sentir mi mano sobre la tuya.
Seré el último,
así que dejaré una luz encendida.
Que no haya oscuridad en tu corazón.
Pero, no soy tu hijo, no sos mi padre.
Solo somos dos hombres adultos despidiéndonos
No hay necesidad de perdonar, no hay necesidad de olvidar
Conozco tus errores y vos conocés los míos,
y mientras dormís intentaré que te sientas orgulloso.
Así que, papi, ¿no cerrás los ojos?
No temas, es mi turno
de hacer que los monstruos se vayan.

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