Yo hablaba de otra manera ¿sabes?
Decía "pa" en vez de para.
Decía "cansao" sin la "d".
Me comía las eses
como quien se come
las pipas a granel,
sin pensar.
Y un día alguien se rió.
Sin maldad. Una risa pequeña,
en una entrevista, en una clase,
en una cena con gente
que había estudiado fuera,
de esos que pronuncian
cada palabra entera.
Y yo esa noche, en casa,
practiqué la d.
Cansado. Cansado. Cansado.
Delante del espejo del lavabo,
como el que se arregla un diente.
Y no me di cuenta
de lo que estaba haciendo.
Porque la d que me comía
no era mía.
Era de mi abuelo.
Y el "pa" era de mi abuela
gritando desde la cocina.
Y esa ese que se iba
era de un pueblo entero,
de calles sin farol,
de gente que se levantaba
con la escarcha,
antes que el sol,
y no tenía tiempo
para terminar las palabras.
Cada vez que corregí una,
enterré un trocito de él.
Y cada vez que hablé neutro
con gente de buena cuna,
me dí con la puerta en la cara.
Cada vez que me felicitaron
por lo bien que hablaba,
él se hizo un poco más pequeño.
Y lo limé en la Universidad,
y lo limé en el trabajo,
y lo limé en la cola del paro,
y lo limé con la familia de mi pareja
como un pelele.
Y lo limé tanto
que un día volví al pueblo
y mi tía me dijo:
"hablas como los de la tele".
Y lo dijo con orgullo, joder.
Pero a mi se me cayó algo dentro
que todavía me duele.
Me estoy poniendo trágico, ¿no?
Melodramático.
O sea, que él tampoco hablaba bien, ¿eh?
que hablaba fatal
y le daba puto igual
Esa es la cosa.
Que a él
le daba
igual.
Porque él sabía quién era
y de dónde,
y de quién.
No necesitaba pronunciarlo bien.
Y yo hablo perfecto
y hay días que me siento
un cualquiera.
Pero hay una cosa que
no he conseguido corregir
Cuando estoy muy cansao,
o he bebido, o lloro, vuelve.
Entero.
Con las eses comidas
y el "pa" y todo.
Porque el llanto no sabe hablar fino.
Y mi abuelo sigue aquí dentro,
esperando a que me rompa un poco
para poder hablar.
