lunes, septiembre 23, 2013

San Martín - Pablo Neruda

Anduve, San Martín, tanto y de sitio en sitio
que descarté tu traje, tus espuelas, sabía
que alguna vez, andando en los caminos
hechos para volver, en los finales
de cordillera, en la pureza
de la intemperie que de ti heredarnos,
nos íbamos a ver de un día a otro.

Cuesta diferenciar entre los nudos
de ceibo, entre raíces,
entre senderos señalar tu rostro,
entre los pájaros distinguir tu mirada,
encontrar en el aire tu existencia.

Eres la tierra que nos diste, un ramo
de cedrón que golpea con su aroma,
que no sabemos dónde está, de dónde
llega su olor de patria a las praderas.
Te galopamos, San Martín, salimos
amaneciendo a recorrer tu cuerpo,
respiramos hectáreas de tu sombra,
hacemos fuego sobre tu estatura.

Eres extenso entre todos los héroes.

Otros fueron de mesa en mesa,
de encrucijada en torbellino,
tú fuiste construido de confines,
y empezamos a ver tu geografía,
tu planicie final, tu territorio.

Mientras mayor el tiempo disemina
como agua eterna los terrones
del rencor, los afilados
hallazgos de la hoguera,
más terreno comprendes, más semillas
de tu tranquilidad pueblan los cerros,
más extensión das a la primavera.

El hombre que construye es luego el humo
de lo que construyó, nadie renace
de su propio brasero consumido:
de su disminución hizo existencia,
cayó cuando no tuvo más que polvo.

Tu abarcaste en la muerte más espacio.

Tu muerte fue un silencio de granero.
Pasó la vida tuya, y otras vidas,
se abrieron puertas, se elevaron muros
y la espiga salió a ser derramada.

San Martín, otros capitanes
fulguran más que tú, llevan bordados
sus pámpanos de sal fosforescentes,
otros hablan aún como cascadas,
pero no hay uno como tú, vestido
de tierra y soledad, de nieve y trébol.
Te encontramos al retornar del río,
te saludamos en la forma agraria
de la Tucumania florida,
y en los caminos, a caballo
te cruzamos corriendo y levantando
tu vestidura, padre polvoriento.

Hoy el sol y la luna, el viento grande
maduran tu linaje, tu sencilla
composición: tu verdad era
verdad de tierra, arenoso amasijo,
estable como el pan, lámina fresca
de greda y cereales, pampa pura.

Y así eres hasta hoy, luna y galope,
estación de soldados, intemperie,
por donde vamos otra vez guerreando,
caminando entre pueblos y llanuras,
estableciendo tu verdad terrestre,
esparciendo tu germen espacioso,
aventando las páginas del trigo.

Así sea, y que no nos acompañe
la paz hasta que entremos
después de los combates, a tu cuerpo
y duerma la medida que tuvimos
en tu extensión de paz germinadora.

lunes, junio 03, 2013

La atristadita - Jorge Ariel Madrazo

La atristadita que alza contentezas
dándote el maíz que bienmente te apaña.
La ofrecedora de aguas comunales.
La que en broncas pupilas se deshoja
(Vida enhiesta en áurea permanencia)
La que ábrese entera sin rogar a cambio.
La que te da de mamar en la boca
tal energía para el arduo trance.
La que derrama abrojos de lindura
prendiéndose en el alma para un siempre.
La compa amiga amada y tan muy mucho,
la que exprime naranjas a tu paso,
la que torna posible que estés vivo
con el vino y el alma a fuego lento.

sábado, marzo 02, 2013

Dolor de garganta - Javier Krahe

En las antípodas todo es idéntico, / tienen teléfonos, tienen semáforos / con automóviles con sancristóbales, / muchos estómagos están a régimen. / Tienes políticos más bien estúpidos / pero son súbditos muy pusilánimes. / En las antípodas todo es idéntico, / idéntico a lo autóctono.

La problemática es económica / y en lo teórico no son unánimes, / lo hay escépticos, los hay fanáticos, / pero en la práctica no ves apóstatas / sino en los márgenes o con prismáticos. / Y unos on míseros, otros son prósperos, / en las antípodas todo es idéntico, / idéntico a lo autóctono.

Hay mundo artístico con gente excéntrica, / mundo científico con catedráticos / y cuerpo médico y casos clínicos. / La gente rústica puebla las fábricas / y los hipódromos los aristócratas. / Ciertos filósofos sienten escrúpulos. / En las antípodas todo es idéntico, / idéntico a lo autóctono.

Algunos fármacos son ilegítimos / pero hay gran tráfico, lo cual es lógico / porque los réditos son astronómicos / y hay muchas víctimas, hay muchas cárceles. Voces hipócritas piden, coléricas / medidas drásticas, sillas eléctricas. / En las antípodas todo es idéntico, / idéntico a lo autóctono.

Los eclesiásticos desde sus púlpitos / causan catástrofes, y los omnímodos / poderes fácticos hazañas bélicas / y actos vandálicos los energúmenos, / y los pacíficos, actos inútiles. / Entre los lúcidos cunde el desánimo. / En las antípodas todo es idéntico, / idéntico a lo autóctono.

Se dan fenómenos de rara índole: / idéntico a lo autóctono, / madres estériles con partos múltiples, / idéntico a lo autóctono, / problemas étnicos con los indígenas, / idéntico a lo autóctono, / falsas polémicas con los satélites, / idéntico a lo autóctono, / grandes espíritus viven recónditos, / idéntico a lo autóctono, / y hay lodos tóxicos abundantísimos... 

En otros términos que están incómodos. / Pero es fantástico, martes y miércoles, / jueves y sábados, lunes y vísperas, / dan espectáculo con el esférico, / y allí, al unísono, arman escándalo / y es como un bálsamo para sus ánimas. / En las antípodas todo es idéntico, / idéntico a lo autóctono.

martes, enero 01, 2013

Después de las fiestas - Julio Cortázar

Cuando todo el mundo se iba / y nos quedábamos los dos / entre vasos vacíos y ceniceros sucios, qué hermoso era saber que estabas / ahí como un remanso, / sola conmigo al borde de la noche, / y que durabas, eras más que el tiempo, eras la que no se iba / porque una misma almohada / y una misma tibieza / iba a llamarnos otra vez / a despertar al nuevo día, / juntos, riendo, despeinados