sábado, julio 28, 2018

Leí un libro hace mucho - Rogelio Oscar Retuerto

Leí un libro hace mucho,
ya hace tiempo,
cuando vivía con Ayelén en un local de Tesei.
Sí,
un local.
No un depto,
no un casa,
ni siquiera un cuarto;
un local que convertimos en nuestro lugar en el mundo.
Leí un libro,
se llamaba “A visit from the goon Squad”
Es un libro de Egan,
de Jennifer Egan.
Allí un personaje
cuyo nombre no recuerdo
(en esos días,
cuando Ayelén no me veía,
me quedaba de más en el local
y tomaba:
un gancia
o un fernet.
Yo sentía que la estaba perdiendo,
que se derretía como una vela
en la noche tardía,
que a la mañana ya no iba a encontrarla.
Por eso tomaba
Por eso escapaba
Ella me dijo “vos siempre escapando”
Ella me leía
como si yo fuera un libro)
cuando tomo, recuerdo las historias,
las escenas
con lujos de detalles,
los autores y sus vidas,
pero olvido el nombre de los personajes.
Este personaje decía
“El tiempo es un chabón que te caga a trompadas”
En realidad decía “El tiempo es un patotero”,
pero no conozco a ningún patotero
que no te cague a trompadas.
Y entendí a la vida de esa manera:
como el personaje de Jennifer Egan;
Y vi al mundo convertido en un ring:
en la esquina azul nosotros,
en la roja el tiempo.
Y vi a la vida convertida en un round de tres minutos,
de tan solo tres minutos,
aunque hay que aguantar tres minuto en un ring.
Y sentí los golpes,
los de la infancia,
los de la adolescencia,
los de la juventud,
y sentí la lona
golpeando en mi cara
y el grito de la gente,
el clamor de la leonera,
los puños en alto,
las bocas abiertas
escupiendo saliva,
y el tiempo salticando
en la otra esquina,
esperando que me levante para cagarme a trompadas,
y el referee que se hace el boludo,
que acelera la cuenta,
y la desesperación por levantarme
y ponerme de pie
y de nuevo los golpes
en la cara,
en los ojos,
los labios que se parten,
los parpados que se inyectan en sangre,
la mandíbula que afloja,
y de nuevo caer
y de nuevo los gritos
y la gente que aclama
y alguien que pide
“¡matalo!”
y ponerme de pie
y mirar el reloj
y ver cuando falta.
Yo no quiero que así sea la vida,
no quiero una vida con tiempo,
no quiero levantarme si ya no quiero seguir,
no quiero los tres minutos.
Quiero bajarme del ring
y que suba el que sigue,
pero no quiero irme en ese instante.
Quiero alejarme por las calles,
no sé si siendo este
o tan solo un recuerdo,
sentir el clamor
de la turba que grita
cada vez más lejano,
cada vez más tenue,
meter las manos en los bolsillos
e irme silbando.
No quiero los tres minutos,
ni ese ring,
ni el clamor de esa gente.
Quiero llegar a Tesei,
al local que convertimos en refugio con Ayelen,
sentarme en un rincón
y oler su recuerdo.
Quiero que en ese instante
suene la campana.

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