domingo, noviembre 28, 2021
Un perro ha muerto - Pablo Neruda
miércoles, septiembre 29, 2021
Marcelino - Esteban Castromán
domingo, junio 20, 2021
El poeta dice la verdad - Federico García Lorca
Quiero llorar mi pena y te lo digo
para que tú me quieras y me llores
en un anochecer de ruiseñores,
con un puñal, con besos y contigo.
para el asesinato de mis flores
y convertir mi llanto y mis sudores
en eterno montón de duro trigo.
del te quiero me quieres, siempre ardida
con decrépito sol y luna vieja.
será para la muerte, que no deja
ni sombra por la carne estremecida.
martes, enero 05, 2021
Juan 1:14 - Jorge Luis Borges (otro poema con el mismo nombre)
Juan 1:14 - Jorge Luis Borges
sábado, noviembre 21, 2020
Viento sur - María Elena Walsh
sábado, noviembre 14, 2020
Papel en blanco - Mario Benedetti
viernes, noviembre 06, 2020
Mi madre me contó - Piotr Matywiecki
domingo, octubre 11, 2020
Canción del levantado - Enrique Falcón
No acerques tu caricia a la piel del invasor
No comas de su trigo, no bebas más su leche
No dejes que tu alberca la vuelvan lodazal
No esperes casi nada de su magistratura
No reces en su lengua, no bailes con sus ropas
No pierdas nunca el agua que duerme a los guardianes
Ni alojes en su boca la sal de tu estupor
No guardes en el sótano más bombas incendiarias
No firmes con tu letra los presagios del poder
No tiendas más cadáveres en la comisaría
No esperes nunca nada de la voz del ataúd
No entregues tu camisa a ninguno de sus bancos
Ni viertas en tu vientre el pozal de una bandera
No lleves a tu amigo a los pies del impostor
No dejes que su lengua fructifique tras tu casa
No permitas a tus hijos,
nunca dejes a tus hijos
esconderse en su jardín.
sábado, agosto 15, 2020
Desafío - Mahmud Darwich
prohíbanme los libros
los cigarros
obstruyan mi boca con arena
la poesía es sangre
el agua de los ojos
se imprime con las uñas
las órbitas
las cuchillas
La clamaré en la cárcel
en el baño
en la cantera
bajo el látigo
la violencia de las cadenas
Un millón de pájaros
sobre las ramas de mi corazón
inventan el himno combatiente.
viernes, julio 17, 2020
Ella - Juano Villafañe
domingo, mayo 24, 2020
4 - Eduardo Vardé
martes, mayo 12, 2020
3 - Orlando Van Bredam
jueves, abril 30, 2020
Bizancio - Ray Bradbury
sino de un tiempo y un lugar distintos
cuya sencilla raza era franca y probada;
de niño
me dejé caer en Illinois.
Nombre sin amor ni gracia
era Waukegan; de allí vengo y no, buenos amigos, de Bizancio.
Y mirando atrás, con todo, veo,
desde lo alto del árbol más lejano,
una tierra que brilla,
tan azul y tan amada
como la más cierta que Yeats pudo haber soñado.
Así crecimos con la muerte mítica
acercando la cuchara a nuestro pan
para derramar mermelada de dioses
sobre la umbría manteca pretendiendo,
así era el cielo aquel,
que tocábamos los muslos de Venus...
Mientras en el porche, sereno,
sabia la voz, oro puro la mirada,
mi abuelo, verdadero mito,
superaba las concepciones de Platón,
mientras la abuela en su hamaca
remendaba la enredada manga del cuidado
y tejía raras, relucientes nieves de crochet
que refrescaban la noche de verano.
Y los tíos, juntos todos en humo,
disfrazaban de chistes su sabiduría,
Y las tías, sabias como vírgenes de Delfos,
dispensaban limonadas proféticas
a niños que se hincaban como acólitos
en un porche griego en noches de verano;
luego se iban a la cama, donde se arrepentían
de las maldades de los inocentes;
como zumbido de mosquitos, los pecados
les hablaban, noche a noche y año a año,
no de Waukegan o de lllinois
sino de un sol y un cielo más risueños.
Cierto que nuestro destino era mediocre
y la Mayor no tan brillante como la de Yeats;
pero nos conocíamos muy bien. ¿El resultado?
Bizancio.
Bizancio.
martes, abril 21, 2020
Nací para poeta o para muerto - Gloria Fuertes
escogí lo difícil
—supervivo de todos los naufragios—,
y sigo con mis versos,
vivita y coleando.
Nací para puta o payaso,
escogí lo difícil
—hacer reír a los clientes desahuciados—,
y sigo con mis trucos,
sacando una paloma del refajo.
Nací para nada o soldado,
y escogí lo difícil
—no ser apenas nada en el tablado—,
y sigo entre fusiles y pistolas
sin mancharme las manos.
sábado, enero 25, 2020
Verano del 65 - Gustavo Borga
Me estoy bañando
en una pileta de lona
que me regaló
el niñito dios
Mi madre me dice
Gustavo salí que es tarde
Me lo repite tres veces
Yo me quedo jugando
en el agua
Se sienta en una silla
a diez metros
y espera
Cuando salgo
me da una gran paliza
Tendría que haberme
quedado en el agua
Toda mi vida dentro
de una pelopincho
Hubiera sido hermoso
sábado, septiembre 28, 2019
Mi padre no me enseñó - Emilio Baszo
a ser hombre
no me habló de sexo
de respeto ni de qué es una vocación
No me miraba seguido a los ojos
buscaba el amor de las manos
acariciar mi pelo
agarrar el dedo del pie
durante muchos años fuimos
enemigos declarados
pensábamos distinto
mi mundo y el suyo eran diametralmente
opuestos
yo lo odiaba
él me cuidaba, desde lejos
cómo había aprendido de su padre
Me llevó a karate, inglés y voley
él nunca practicó deportes
ni hablo otra lengua
en casa silbaba mucho
y cantaba Mi buenos Aires querido
imitaba pésimo a Gardel
Nunca lo vi bailar ni llorar
eso me parece extraño
y hasta se lo reprocho
el fruto reclama del árbol:
Eh tu porque no me enseñaste a madurar?
Pero hay un tiempo para todo
y en algunos días
encuentro su risa saliendo de mi boca
como un rayo que parpadea antes de la tormenta
La desaparición de una familia - Juan Luis Martínez
se extraviara entre el comedor y la cocina,
él le había advertido: “-Esta casa no es grande ni pequeña,
pero al menor descuido se borrarán las señales de ruta
y de esta vida al fin, habrás perdido toda esperanza”.
2. Antes que su hijo de 10 años se extraviara
entre la sala de baño y el cuarto de los juguetes,
él le había advertido: “-Esta, la casa en que vives,
no es ancha ni delgada: sólo delgada como un cabello
y ancha tal vez como la aurora,
pero al menor descuido olvidarás las señales de ruta
y de esta vida al fin, habrás perdido toda esperanza”.
3. Antes que “Musch” y “Gurba”, los gatos de la casa,
desaparecieran en el living
entre unos almohadones y un Buddha de porcelana,
él les había advertido:
“-Esta casa que hemos compartido durante tantos años
es bajita como el suelo y tan alta o más que el cielo,
pero, estad vigilantes
porque al menor descuido confundiréis las señales de ruta
y de esta vida al fin, habréis perdido toda esperanza”.
4. Antes que “Sogol”, su pequeño fox-terrier, desapareciera
en el séptimo peldaño de la escalera hacia el 2º piso,
él le había dicho: “-Cuidado viejo camarada mío,
por las ventanas de esta casa entra el tiempo,
por las puertas sale el espacio;
al menor descuido ya no escucharás las señales de ruta
y de esta vida al fin, habrás perdido toda esperanza”.
5. Ese último día, antes que él mismo se extraviara
entre el desayuno y la hora del té,
advirtió para sus adentros:
“-Ahora que el tiempo se ha muerto
y el espacio agoniza en la cama de mi mujer,
desearía decir a los próximos que vienen,
que en esta casa miserable
nunca hubo ruta ni señal alguna
y de esta vida al fin, he perdido toda esperanza”.
lunes, agosto 12, 2019
Bingo - Lourdes Ramognino
después de risas nerviosas,
de que te sonaras los mocos,
de que no me maquillara.
Parate. Paro nacional.
Dos besos al cinco y al cuello,
contra la pared del cine.
Tu sorpresa y ablande.
Mi sonrisa pícara.
En Ramón Carrillo
nos gritaron
que aflojáramos.
En el nueve, mi necedad.
Mi ceguera.
Tus “no sé, por eso”.
*Ningún no sé debe conducir a conclusiones*
Tus palabras inertes, verborrágicas
mientras te acaricio la barba.
Las letras bañadas de miel.
La noche más fría de todo el año.
El temblor y tu abrazo abrigador.
¿Ya dije mi ceguera?
Trescientas
cuarenta
y
tres
lágrimas
en
el
343.
sábado, mayo 25, 2019
El romance del chulo viejo y Pepe Bombón - Daniel Salzano
Pepe Bombón imita a Sandro y a Luis Miguel
Las cuatro y media, hora maldita del cabaret
Whisky de Banfield, polvos tallados con la Gillette
El punto fuerte de la actuación de Pepe Bombón
Comienza cuando, como en los circos, suena un tambor
Medias de seda, sombra de barba, hombre y mujer
El arte excelso de hacer dibujos con el bretel
Sus pechos caen como melones de exposición
Sombra de barba, pechos de yegua, voz de varón
El show termina, no aplaude nadie en el cabaret
Él agradece tirando besos a la pared
Poco más tarde frente al espejo en el camarín
Se va buscando detrás del rimel y del carmín
En el vestuario de los artistas de variedades
Trazan sus mapas, llenas de penas, las humedades
Con viento en contra sale a la calle del cabaret
Tiene unas cuadras de noche espesa hasta el hotel
Le gritan: Loca, mariconazo Pepe Bombón
Sombra de barba, pechos de yegua, voz de varón
Él no responde, canta y camina hacia el hotel
Imita a Sandro, a Lola Flores y a Luis Miguel
Si no estuviera moviendo el culo tan concentrado
Advertiría rondar la muerte por todos lados
Un chulo viejo con el que tuvo una relación
Lo está esperando bajo las hiedras del paredón
No se sorprende, no se defiende, no pide ayuda
Lo supo siempre, que nadie tenga la menor duda
Escucha aplausos que se diluyen desde muy lejos
Mientras el Chulo le corta el cuello con un espejo
Las cuatro y media no es buena hora para el cuartel
La policía no tiene ganas de ir al hotel
Irán mañana cuando las luces les dejen ver
Como es de cerca la barba dura de una mujer.
sábado, julio 28, 2018
Leí un libro hace mucho - Rogelio Oscar Retuerto
ya hace tiempo,
cuando vivía con Ayelén en un local de Tesei.
Sí,
un local.
No un depto,
no un casa,
ni siquiera un cuarto;
un local que convertimos en nuestro lugar en el mundo.
Leí un libro,
se llamaba “A visit from the goon Squad”
Es un libro de Egan,
de Jennifer Egan.
Allí un personaje
cuyo nombre no recuerdo
(en esos días,
cuando Ayelén no me veía,
me quedaba de más en el local
y tomaba:
un gancia
o un fernet.
Yo sentía que la estaba perdiendo,
que se derretía como una vela
en la noche tardía,
que a la mañana ya no iba a encontrarla.
Por eso tomaba
Por eso escapaba
Ella me dijo “vos siempre escapando”
Ella me leía
como si yo fuera un libro)
cuando tomo, recuerdo las historias,
las escenas
con lujos de detalles,
los autores y sus vidas,
pero olvido el nombre de los personajes.
Este personaje decía
“El tiempo es un chabón que te caga a trompadas”
En realidad decía “El tiempo es un patotero”,
pero no conozco a ningún patotero
que no te cague a trompadas.
Y entendí a la vida de esa manera:
como el personaje de Jennifer Egan;
Y vi al mundo convertido en un ring:
en la esquina azul nosotros,
en la roja el tiempo.
Y vi a la vida convertida en un round de tres minutos,
de tan solo tres minutos,
aunque hay que aguantar tres minuto en un ring.
Y sentí los golpes,
los de la infancia,
los de la adolescencia,
los de la juventud,
y sentí la lona
golpeando en mi cara
y el grito de la gente,
el clamor de la leonera,
los puños en alto,
las bocas abiertas
escupiendo saliva,
y el tiempo salticando
en la otra esquina,
esperando que me levante para cagarme a trompadas,
y el referee que se hace el boludo,
que acelera la cuenta,
y la desesperación por levantarme
y ponerme de pie
y de nuevo los golpes
en la cara,
en los ojos,
los labios que se parten,
los parpados que se inyectan en sangre,
la mandíbula que afloja,
y de nuevo caer
y de nuevo los gritos
y la gente que aclama
y alguien que pide
“¡matalo!”
y ponerme de pie
y mirar el reloj
y ver cuando falta.
Yo no quiero que así sea la vida,
no quiero una vida con tiempo,
no quiero levantarme si ya no quiero seguir,
no quiero los tres minutos.
Quiero bajarme del ring
y que suba el que sigue,
pero no quiero irme en ese instante.
Quiero alejarme por las calles,
no sé si siendo este
o tan solo un recuerdo,
sentir el clamor
de la turba que grita
cada vez más lejano,
cada vez más tenue,
meter las manos en los bolsillos
e irme silbando.
No quiero los tres minutos,
ni ese ring,
ni el clamor de esa gente.
Quiero llegar a Tesei,
al local que convertimos en refugio con Ayelen,
sentarme en un rincón
y oler su recuerdo.
Quiero que en ese instante
suene la campana.
lunes, abril 09, 2018
Twilight - Francisco Bendezú
Yo soy el granizo
que entra aullando
por tu pecho desquiciado.
Soy tu boca.
Yo atesoré a ras del sueño,
debajo de las horas,
el latido de tus pasos por el polvo de Santiago,
y tu densa fragancia de magnolia,
y tu lenta cabellera
con perfil de éxtasis o algas,
y el ardor fulmíneo de tus ojos, que de noche,
como naves sobre el mar,
la bruma iluminaban.
Como guijarros de playa,
o nostálgicos boletos entre cintas y violetas olvidados,
enterré en mi corazón la línea de tu frente,
la piedra gastada de tus codos, tus sílabas nocturnas,
el fulgor de tus uñas, tus sonrisas,
la loca luz de tus sienes.
¿No sientes trasminar mi dolor a travéz de tu cuchara?
Mi memoria quedó tal vez en ti
como las ediciones vespertinas
en las bancas de los parques desahuciadas.
Tu sombra es mi tintero.
Juventud.
¡Juventud mía!
¿Qué tumbos socavaron
la torre más alta de mi vida?
¡No habrá nunca
hilo más puro
que tu larga mirada
desde lo alto de las escaleras,
ni lampo de cometa comparable
a la curva nevada de tus dientes!
Cantaba la mañana
en las pálidas cortinas y la hierba.
El tiempo cintilaba en tus vidrieras
como sólo una vez el tiempo parpadea.
Ya no estás entre las flores. Ni volverás
jamás a estarlo. ¿Qué tu amor sino labios
que escrituras en el viento fueron?
¡Yo quiero que me digan
si el amor, como los pájaros,
se va a morir al cielo!
Me acuerdo de una noche de trenzas y peldaños,
y óxido, y collares,
me acuerdo, como ayer, de lo futuro.
¡Quiero acuñar, como el otoño,
medallas en las calles,
o beberme llorando tu ausencia en los teléfonos,
o correr, correr a ciegas por
los tejados de todas las ciudades
hasta perderme para siempre o encontrarte!
¡Otra vuelta estar contigo!
Oh día de verano
extraviado en alta mar
como una mariposa!
Contra el flujo incoercible de los años
los días, uno a uno,
absurdamente buscan tu lámpara en las sombras,
no la penumbra, no el espejo de la muerte,
sino el cristal de la esperanza:
tu ventana que sólo está en la Tierra.
¡Aspersiones de ceniza para tu boca cerrada!
Otra vez tengo veinte años, y sonámbulo, y en llanto
a la puerta de tu casa estoy llamando,
al pie de tu reja, como antaño,
bajo la lluvia sin telón ni máscaras ni agua.
¡Oh zumbantes calendarios
que en vano el cierzo,
como a encinas,
deshojara!
¡No me digas que te quise! Te quiero.
Te debía este lamento, y aunque un grito
mi sangre apenas sea,
también te lo debía: un solo interminable
de un corazón en las tinieblas.
Poema de Miguel Idelfonso
sino una oscura esperanza
y viajar en este transporte celestial
me da cierta desolación
como los rostros que sentados
como yo miran a los rostros allá afuera
que entran y salen de las tiendas
manos que desean agarrarse
porque todo se mueve
el ruido el cosmos el corazón
y yo no quiero caer en la tristeza
como tantas veces
me apuro a acogerme al verde del grass
que a lo largo de la cervecería
pone algo de certeza a la poesía
ese grass que cubre a los amigos muertos
poetas con quienes me embriagué en esta ciudad
que ahora pretende otra vez expulsarme
o quizás no sea solo el grass
sino el libro de Bukowski
traducido por Hanz Polilla
¿dónde estará Hanz?
porque al final viene un texto
de Ricardo K.
también lo conocí
y bebíamos varias botellas
y se quiso morir como Luchito Hernández
y lo logró
la muerte se posesiona en este viaje a Los Ángeles
es como el bajón del amor
una responsabilidad con Dios
sentir su poder
y no dejar de pensar en Carlos
en Juan en José en Elí
en Rodolfo en todos
en la forma en que se ama cuando se muere
en la forma en que se vive
cuando no hay forma de entender la muerte
las ruinas de Puruchuco aquí
los niños hechos del barro viejo
que se quedó mudo
las ruinas crecerán y los niños crecerán
y en cada lápida escribiré mi nombre
para no olvidar que fui niño
que soy barro
que siento el brazo de la muchacha
sentada a mi lado
y que el libro que leía se quedará
en Los Ángeles
porque es de noche en los ojos de los perros
las luces de los hostales
ya están encendidas: habitaciones de 15-20-25
solo el amor trabaja
porque es 1 de mayo
veo el foco rojo en un segundo piso
es el amor
pienso otra vez en el amor
pero llego a Los Ángeles
y tengo que bajar
piso firme
hace un poco de frío
me saco una legaña
nace Dios
Bajo los ojos del amor - Gabriel Sologuren
de esmeraldas y de sombras, como una larga
palabra de amor, como una pérdida total.
Aún eres tú quien me tiene a sus pies
como una blanca cadena de relámpagos,
como una estatua en el mar, como una rosa
deshecha en cortos sueños de nieve y sombras,
como un ardiente abrazo de perfumes en el centro del mundo.
Aún eres tú como una rueda de dulces tinieblas
agitándome el corazón con su música profunda,
como una mirada que enciende callados remolinos
bajo las plumas del cielo, como la yerba de oro
de una trémula estrella, como la lluvia en el mar,
como relámpagos furtivos y vientos inmensos en el mar.
En el vacío de un alma donde la nieve descarga
en una ventana hecha con los resonantes emblemas del otoño,
como una aurora en la noche, como un alto puñado de flechas
del más alto silencio aún eres tú, aún es tu reino.
Como un hermoso cuerpo que baña la memoria,
como un hermoso cuerpo sembrado de soledad y mariposas,
como una levantada columna con el tiempo a solas,
como un torso cálido y sonoro, como unos ojos
donde galopa a ciegas mi destino y el canto es fuego,
fuego la constelación que desata en nuestros labios
la gota más pura del fuego del amor y de la noche,
la quemante palabra en que fluye el amor, aún.
Yegua es la hembra del caballo - José Antonio Mazzotti
Yegua es la hembra del caballo y yegua
es mi mujer impronunciable por el resto de mis días, la frescura
de su sudor y de sus patas duras como un diente
y el lomo en que cabalgo rodeado de metrallas y sirenas anunciando un bombardeo.
Yegua es la hembra del caballo y yegua es mi mujer
de suave relincho a cien violines cuatro flautas dos trompetas
y un músico olvidado y legañoso / a media barba /
y noches de terrible claridad.
Ella se mueve por los parques hinchando sus ancas
(yo hincho mis pulmones)
salta y patea y no conoce a los flemáticos
desnuda una sonrisa / como quien abre una bolsa de arroz
sabe y no sabe siente y no siente grita y no grita
y esparce el arroz entre los novios.
Yegua es la hembra del caballo y yegua es mi mujer impronunciable
divina metalengua que pronuncio y no decoro
y salto y pateo y relincho y ya no sigo
sé que ella viene como un pasto dulce a perdonarme estas palabras
Elogio del amor - Oscar Málaga
Los hombres somos tristes, siempre estamos llenos de propósitos.
De eso se trata, susurrar tu nombre hasta que el mundo esté helado.
No es bueno dormir con el televisor encendido.
Es inquietante pero los cuerpos siempre sonríen.
Me voy a quedar mucho tiempo contigo.
Como una enfermedad que no conoce la muerte.
Quemo la sombra de todas mis palabras sobre la lejanía de tu mejilla.
Antes de enmudecer te escribo este poema.
Que se vaya tu amor, tu locura, tu luz, tu espalda plateada.
Que todas esas verdades se escondan ciegas y desnudas
bajo estas palabras que no tienen estribor ni babor.
Que sean las orillas húmedas y silenciosas
adonde retorne cada noche a esperar mi nacimiento.
No intentes liberarte.
No se sopla un sueño como una hoja el viento del otoño.
Llegué a ti cruzando un bosque.
Imaginé un claro, una fuente, una cabaña, un jardín.
Lo permitido a las aves no lo está a los hombres.
Tus ojos siguieron tristes. Tu extraña mueca helada.
Pero sucede que los campos de fresas están en flor.
Aúllo buscando mi propio rebaño.
Me gustaría poner un poco de orden en mi poesía.
Chica, estuviste maravillosa esta noche.
Poema de Mario Montalvetti
Ya no te quiero, pequeña
ahora amo a los caballos.
Mañana amaré a las islas
y pasado será alguna ave.
(Tal vez en tres años
te vuelva a amar).
Y luego serán las vacas
pintas y luego serán
los minerales —tú sabes, el
cobre, el hierro, el—
y luego serán las ciudades
(alguna que otra jirafa)
y luego los puentes.
Antes un arcoíris que amarte, pequeña,
ya no te quiero
ahora amo a una mujer
que disuelve sus cuerpos
en las lluvias del otoño
iluminada/ anudada/ inundada
por el neón brillante
del poste de alumbrado público.
(Oh pequeña)
ya no (te quiero
Oh mujer)
ya no te quiero
sólo amo a las calles que me alientan
hacia la noche mientras la noche
ya no es noche sino mar y el mar
tumba de sonámbulos océanos, licor.
Poema de Martín Adán
Mi primer amor se iba de mí, espantada de mi socialismo y mi tontería. “No vayan a ser todos socialistas…”. y ella se prometió darse al primer cristiano viejo que pasara, aunque éste no llegara a los doce años. Sólo ya, me aparté de los problemas sumos y me enamoré verdaderamente de mi primer amor. Sentí una necesidad agónica, toxicomaníaca, de inhalar, hasta reventarme los pulmones, el olor de ella; olor de escuelita, de tinta china, de encierro, de sol en el patio, de papel del estado, de anilina, de tocuyo vestido a flor de piel –olor de la tinta china, flaco y negro–, casi un tiralíneas de ébano, fantasma de vacaciones… Y esto era mi primer amor.
Mi segundo amor tenía quince años de edad. Una llorona con la dentadura perdida, con trenzas de cáñamo, con pecas en todo el cuerpo, sin familia, sin ideas, demasiado futura, excesivamente femenina… Fui rival de un muñeco de trapo y celuloide que no hacía sino reírse de mí con una bocaza pilluela y estúpida. Tuve que entender un sinfín de cosas perfectamente ininteligibles. Tuve que decir un sinfín de cosas perfectamente indecibles. Tuve que salir bien en los exámenes, con veinte –nota sospechosa, vergonzona, ridícula: una gallina delante de un huevo–. Tuve que verla a ella mimar a sus muñecas. Tuve que oírla llorar por mí. Tuve que chupar caramelos de todos los colores y sabores. Mi segundo amor me abandonó como en un tango: Un malevo…
Mi tercer amor tenía los ojos lindos, y las piernas muy coquetas, casi cocotas. Hubo que leer a Fray Luis de León y a Carolina Ivernizzio. Peregrina muchacha… no sé por qué se enamoró de mí. Me consolé de su decisión irrevocable de ser amiga mía después de haber sido casi mi amante, con las doce faltas de ortografía de su última carta.
Mi cuarto amor fue Catita.
Mi quinto amor fue una muchacha sucia con quien pequé casi en la noche, casi en el mar. El recuerdo de ella huele como ella olía, a sombra de cinema, a perro mojado, a ropa interior, a repostería, a pan caliente, olores superpuestos y, en sí mismos, individualmente, casi desagradables, como las capas de las tortas, jengibre, merengue, etcétera. La suma de olores hacía de ella una verdadera tentación de seminarista. Sucia, sucia, sucia… Mi primer pecado mortal.
Canto villano - Blanca Varela
en mi plato de pobre
un magro trozo de celeste cerdo
aquí en mi plato
observarme
observarte
o matar una mosca sin malicia
aniquilar la luz
o hacerla
hacerla
como quien abre los ojos y elige
un cielo rebosante
en el plato vacío
rubens cebollas lágrimas
más rubens más cebollas
más lágrimas
tantas historias
negros indigeribles milagros
y la estrella de oriente
emparedada
y el hueso del amor
tan roído y tan duro
brillando en otro plato
este hambre propio
existe
es la gana del alma
que es el cuerpo
es la rosa de grasa
que envejece
en su cielo de carne
mea culpa ojo turbio
mea culpa negro bocado
mea culpa divina náusea
no hay otro aquí
en este plato vacío
sino yo
devorando mis ojos
y los tuyos
Datzibao - Enrique Verástegui
Ya no pude llegar al teléfono, recordar ese número y llegar a tu casa que no conocí.
Ya no pude volar sobre ti como todos los días a las tres de la tarde estas pobres alas no dieron más
y aquí me tienes ideando estas líneas que reflejan mis ojos cansados de ir caminando con la mente y las manos repletas de yerba.
Yo fui el primer sorprendido.
La extrañeza de ser dos aves hurgándose el pecho y corriendo uno detrás del otro entre las matas y bancas del parque
y éramos arrojados fuera de nosotros mismos y por esto fue que conocí tu ciudad
y me apreté contra ti buscando desesperadamente encontrarme en tus ojos y amé todas tus cosas
y tu mirada angustiada y esa seriedad para responderme a ciertas preguntas y cuestiones que nos diferenciaron para siempre de las personas nacidas antes de 1950
tu maravilloso instinto agresivo desarrollado contra los males del tiempo y portándote como en la más furiosa embestida
en la batalla por un lugar en el taxi que nos alejó miles de cuadras más cerca de la pasión de la vida
hoy miércoles y no otro día.
Porque ya es hora de ir poniendo las cosas en claro y más que nada empezar a ser uno mismo
un solo obstinado bloque de rabia.
tú por todo lo que para mí reflejabas lo más claro eres mi sopor antes de echarte a gritar por estos sitios malditos
aún después de haber transformado esa palabrita bestialmente lúcida en una flor obsesiva
que yo no quiero acariciar ni comprender el suicidio mi amiga es una espera maldita.
Como puede ser aguantarnos un par de horas más en el parque en medio de un viento furioso que pugna por arrancar de raíz lo más nuestro de nosotros
y tú junto a mí convertida en mi aliento escuchándote aprendiendo de ti a la Molina no voy más esa canción negra arde en mi pecho, me aplasta, levanta, avienta a decir no contra todo.
Cada uno recuerda su primera caída.
Cada uno recuerda paso por paso los pasos que fue dando y los que no dio porque en uno mismo está el propio enemigo.
Y yo me levanto para luchar contra mí – y me tengo miedo.
Lo perfecto consiste en desabotonarnos el torso mientras vamos salvajemente penetrando en esta selva de arenas movedizas
y tu vida o mi vida no ruedan como esas naranjas plásticas que eludimos porque tú y yo somos carne
y nada más que un fuego incendiando este verano.
La vida se abre como un sexo caliente bajo el roce de dedos reventando millares de hojas tiernas y húmedas,
y no dijimos nada pero exigíamos a gritos destruir la ciudad, esta ciudad ese monstruo sombrío escapado de la mitología
devorador de sueños.
Y el musgo creció como un verso clarísimo en tus ojos.
tú querías leer mis poemas aferrarte a ese instante de dulzura donde jamás hubo límites entre uno y otro ser
y fuiste sólo una muchacha que pasó por mis ojos silenciosamente pegada a mí a mi secreta manera de enredarme en las cosas de explicar un mundo indeciso sembrado con piedras
yo que creí que nada era nada en cualquier lugar de este mundo
y de pronto me di con tus sueños como con un golpe de mar sobre el rostro
y luego adiós porque todo y nada puede explicarse en el amor y porque todo y nada se explica en nosotros y con nosotros.
Nocturno de Vermont - César Calvo
tienen ojos azules
y lavan sus cabellos en ginebra.
¿Es cierto que allá en Vermont, cuando sueñas,
el silencio es un viento de jazz sobre la hierba?
¿Y es cierto que allá en Vermont los geranios
inclinan al crepúsculo,
y en tu voz, a la hora de mi nombre,
en tu voz, las tristezas?
O tal vez, desde Vermont enjoyado de otoño,
besada tarde a tarde por un idioma pálido
sumerges en olvido la cabeza.
Porque en barcos de nieve, diariamente,
tus cartas
no me llegan.
Y como el prisionero que sostiene
con su frente lejana
las estrellas:
chamuscadas las manos, diariamente
te busco entre la niebla.
Ni el galope del mar; atrás quedaron
inmóviles sus cascos de diamante en la arena.
Pero un viento más bello
amanece en mi cuarto,
un viento más cargado de naufragios que el mar.
(Qué luna inalcanzable
desmadejan tus manos
en tanto el tiempo temporal golpeando
como una puerta de silencio suena.)
Desde el viento te escribo.
Y es cual si navegaran mis palabras
en los frascos de nácar que los sobrevivientes
encargan al vaivén de las sirenas.
A lo lejos escucho
el estrujado celofán del río
bajar por la ladera.
(un silencio de jazz sobre la hierba.)
Y pregunto y pregunto:
¿Es cierto que allá en Vermont
las noches tienen ojos azules
y lavan sus cabellos en ginebra?
¿Es cierto que allá en Vermont los geranios
otoñan las tristezas?
¿Es cierto que allá en Vermont es agosto
y en este mar, ausencia…?
Para hacer el amor - Antonio Cisneros
debe evitarse un sol muy fuerte sobre los ojos de la muchacha
tampoco es buena la sombra si el lomo del amante se achicharra
para hacer el amor.
Los pastos húmedos son mejores que los pastos amarillos
pero la arena gruesa es mejor todavía.
Ni junto a las colinas porque el suelo es rocoso ni cerca
de las aguas.
Poco reino es la cama para este buen amor.
Limpios los cuerpos han de ser como una gran pradera:
que ningún valle o monte quede oculto y los amantes
podrán holgarse en todos sus caminos.
La oscuridad no guarda el buen amor.
El cielo debe ser azul y amable, limpio y redondo como un techo
y entonces
la muchacha no vera el Dedo de Dios.
Los cuerpos discretos pero nunca en reposo,
los pulmones abiertos,
las frases cortas.
Es difícil hacer el amor pero se aprende.
sábado, octubre 14, 2017
Cueca de la palabra muerte- Rogelio Ramos Signes
Yo era el que (cuando la canción decía
“suelta el remo y ven a mis brazos”)
gritaba “que te quiero degollar”.
Yo era un argentinito típico
disfrazado de charro en las fiestas escolares
/ un mocolillo
/ un matuasto (zum zum) en medio de la siesta.
Yo era el que entraba al baño de las niñas
preguntando “¿Quién vive?”
/ el inspector González
/ el inglés de los güesos.
Yo era César El Capitán Sin Miedo (pero con miedo)
/ el primer Emotivo Anónimo de esta sociedad de consumo
/ el niño Bidú / el último de los Vargas.
En las noches de luna intensa
todavía
suelo armar paquetes que nada contienen
mientras esa gata en celo corre sobre los techos.
El olor profundo de la Hierba Luisa
penetra en mi almohada
como la palabra “muerte”
(como la palabra “fogueira”)
en un romance gótico
donde la doncella languidece y desmaya.
Por lo demás (depresivo y errático)
sigo siendo un argentino típico,
un español sin mezcla / sin calma
custodiando la fuente
donde la muchacha ciega y el monstruo conversan.
martes, agosto 29, 2017
Letanía de ganancias bélicas - Allen Ginsberg
Estos son los nombres de las compañías que han hecho
dinero en esta guerra
milnovecientossesentaiocho Annodomini cuatrocientos
ochenta hebráico
Estas son las Corporaciones que se han beneficiado del comercio
con fósforo que arde en la piel o de ojivas fragmentadas
en miles de punzantes agujas
y aquí enlistados los millones ganados por cada sociedad de
manufactura
y aquí las ganancias numeradas, inventariadas desde hace una década
puestas en orden
aquí nombrados los Padres en oficinas de las industrias, teléfonos,
dirigiendo finanzas
nombres de directores, hacedores de destinos y los nombres de los
accionistas de estos Agregados destinados,
y aquí están los nombres de sus embajadores en la Capital
representantes ante la legislatura, esos que se sientan bebiendo
en lobbies de hotel para persuadir
y aparte, enlistados, aquellos que dejan caer Anfetaminas con
milicias, chismes, discusiones,
y persuaden sugiriendo políticas, nombrando lenguaje,
proponiendo estrategias,
pagados como embajadores del Pentágono, consultores
militares pagados por su industria:
y estos son los nombres de los generales & capitanes militares,
quienes es sabido trabajan para los que manufacturan la guerra
y sobre éstos, enlistados, los nombres de los bancos, sociedades,
fideicomisos de inversión que controlan estas industrias:
y estos son los nombres de los periódicos propiedad de estos
bancos
y estos son los nombres de las estaciones de radio propiedad de esas
sociedades;
y estos son los números de miles de ciudadanos empleados
por las empresas nombradas;
y el inicio de este recuento es 1958 y en final
1968, que el inactivo sea contenido en una mente ordenada,
coherente y definida,
y el primer formulario de esta letanía comenzó
el primer día de diciembre de
1967 y lleva este poema más allá de estos Estados.
lunes, agosto 21, 2017
Dos ladrones - Lope de Boedo
en la más alta, al diome, el Nazareno.
En la del wing lloraba el chorro bueno
mangándole el perdón de sus pecados.
Escracho torvo; dientes apretados,
marcaba el otro lunfa el duro freno
del odío, y destilaba su veneno
con el rechifle de los rejugados.
¿No sos hijo de Dios? Dale. Salvate.
Sos el Rey de los Moishes, arranyate.
¿Por qué no te bajás? ¡Dale, che, guiso!
Jesús ni se mosquió. ¡Minga de bola!
Y le dijo al buen chorro: Estate piola
que hoy zarparás conmigo al Paraíso.
jueves, abril 13, 2017
Cristo en la Cruz - Jorge Luis Borges
Los tres maderos son de igual altura.
Cristo no está en el medio. Es el tercero.
La negra barba pende sobre el pecho.
El rostro no es el rostro de las láminas.
Es áspero y judío. No lo veo
y seguiré buscándolo hasta el día
último de mis pasos por la tierra.
El hombre quebrantado sufre y calla.
La corona de espinas lo lastima.
No lo alcanza la befa de la plebe
que ha visto su agonía tantas veces.
La suya o la de otro. Da lo mismo.
Cristo en la cruz. Desordenadamente
piensa en el reino que tal vez lo espera,
piensa en una mujer que no fue suya.
No le está dado ver la teología,
la indescifrable Trinidad, los gnósticos,
las catedrales, la navaja de Occam,
la púrpura, la mitra, la liturgia,
la conversión de Guthrum por la espada,
la Inquisición, la sangre de los mártires,
las atroces Cruzadas, Juana de Arco,
el Vaticano que bendice ejércitos.
Sabe que no es un dios y que es un hombre
que muere con el día. No le importa.
Le importa el duro hierro de los clavos.
No es un romano. No es un griego. Gime.
Nos ha dejado espléndidas metáforas
y una doctrina del perdón que puede
anular el pasado. (Esa sentencia
la escribió un irlandés en una cárcel.)
El alma busca el fin, apresurada.
Ha oscurecido un poco. Ya se ha muerto.
Anda una mosca por la carne quieta.
¿De qué puede servirme que aquel hombre
haya sufrido, si yo sufro ahora?
viernes, febrero 03, 2017
Los treinta y tres nombres de Dios - Marguerite Yourcenar
Mar de mañana.
2.
Ruido de la
fuente en
las rocas
sobre las lajas
de piedra.
3.
Viento del mar
la noche,
en una isla.
4.
Abeja.
5.
Vuelo triangular
de los cisnes.
6.
Cordero recién nacido
carnero hermoso
oveja.
7.
El morro
de la vaca
el morro salvaje
del toro.
8.
El morro
paciente del
buey.
9.
El fuego rojo
en el hogar.
10.
El camello
cojo
que atravesó la
gran ciudad atascada
camino a su muerte.
11.
La yerba
El olor a la yerba.
12.
...
13.
La buena tierra
La arena
y la ceniza.
14.
La garza que
esperó toda la
noche, casi helada,
y que al fin
apacigua su
hambre al alba.
15.
El pequeño pez
que agoniza
en la garganta
de la garza.
16.
La mano,
que se pone en
contacto
con las cosas.
17.
La piel, por
toda la superficie
del cuerpo.
18.
La mirada
y aquello que mira.
19.
Las nueve puertas
de la
percepción.
20.
El torno
humano.
21.
El sonido de una
viola o de una
flauta indígena.
22.
Un sorbo
de bebida
fría o
caliente.
23.
El pan.
24.
Las flores
que brotan
de la tierra
en primavera.
25.
Tener sueño
en una cama.
26.
Un ciego
que canta
y un niño
enfermo.
27.
Caballo que
corre
en libertad.
28.
La mujer-
de-los-perros.
29.
Los camellos
que se abrevan
con sus pequeños
en el arduo
guad.
30.
Sol naciente
sobre un lago
aún helado
a medias.
31.
El silencioso
relámpago
El rayo
estrepitoso.
32.
El silencio
entre dos amigos.
33.
La voz que viene
del este,
entra por la oreja
derecha
y enseña un canto.
lunes, enero 30, 2017
Una nota en la nevera - Pedro Ramos
brécol y algo de carne
ternera
los papeles sobre la mesa
sobras de ayer
de postre, flan de chocolate.
No acuestes tarde a la niña
te dejo la cartilla con el número de cuenta
recuerda que mañana
tiene gimnasia
los papeles del paro y del seguro
el chándal está en el segundo estante
recuerda que se ponga el aparato para dormir
no le leas otra vez el mismo cuento
y no dejes
no dejes que crezca torcida.
No volveré.
Tampoco tarde.
jueves, julio 23, 2015
Juan y María - André Velloso
y mi caballo sólo hablaba inglés
La novia del cowboy
era usted,
además de otras tres.
Yo enfrentaba los batallones,
los alemanes y sus cañones.
Guardaba mi arma
y ensayaba un rock
para la matiné
Ahora yo era el rey,
era el bedel y era también juez.
Y por mi ley
la gente era obligada a ser feliz.
Y usted era la princesa
que yo hice coronar.
Y era tan linda de admirar
que andaba desnuda por mi país
No, no huya, no
finja que ahora yo era su juguete
yo era su peón,
su mascota preferida.
Si, deme la mano,
que la gente ahora ya no tenga miedo
En el tiempo de maldad
creo que la gente no había nacido.
Ahora era inevitable
que este hacer-de-cuenta terminase así.
Más allá del patio
era una noche que no tenía fin.
Porque usted se hundió en el mundo
sin avisarme
Y ahora yo era un loco preguntando
qué es lo que la vida va a hacer de mí.
lunes, junio 23, 2014
Tractatus de sortilegiis - Oscar Hahn

En el jardín había unas magnolias curiosísimas, oye,
unas rosas re-raras, oh,
y había un tremendo olor a incesto, a violetas macho,
y un semen volando de picaflor en picaflor.
Entonces entraron las niñas en el jardín,
llenas de lluvia, de cucarachas blancas,
y la mayonesa se cortó en la cocina
y sus muñecas empezaron a menstruar.
Te pillamos in fraganti limpiándote el polen
de la enagua, el néctar de los senos, ves tú?
Alguien viene en puntas de pie, un rumor de pájaros
pisoteados, un esqueleto naciendo entre organzas,
alguien se acercaba en medio de burlas y fresas
y sus cabellos ondearon en el charco
llenos de canas verdes.
Dime, muerta de risa, adónde llevas
ese panal de abejas libidinosas.
Y los claveles comenzaron a madurar brilloso
y las gardenias a eyacular coquetamente, muérete,
con sus durezas y blanduras y patas
y sangre amarilla, aj!
No se pare, no se siente, no hable
con la boca llena
de sangre:
que la sangre sueña con dalias
y las dalias empiezan a sangrar
y las palomas abortan cuervos
y claveles encinta
y unas magnolias curiosísimas, oye,
unas rosas re-raras, oh.
lunes, septiembre 23, 2013
San Martín - Pablo Neruda
que descarté tu traje, tus espuelas, sabía
que alguna vez, andando en los caminos
hechos para volver, en los finales
de cordillera, en la pureza
de la intemperie que de ti heredarnos,
nos íbamos a ver de un día a otro.
Cuesta diferenciar entre los nudos
de ceibo, entre raíces,
entre senderos señalar tu rostro,
entre los pájaros distinguir tu mirada,
encontrar en el aire tu existencia.
Eres la tierra que nos diste, un ramo
de cedrón que golpea con su aroma,
que no sabemos dónde está, de dónde
llega su olor de patria a las praderas.
Te galopamos, San Martín, salimos
amaneciendo a recorrer tu cuerpo,
respiramos hectáreas de tu sombra,
hacemos fuego sobre tu estatura.
Eres extenso entre todos los héroes.
Otros fueron de mesa en mesa,
de encrucijada en torbellino,
tú fuiste construido de confines,
y empezamos a ver tu geografía,
tu planicie final, tu territorio.
Mientras mayor el tiempo disemina
como agua eterna los terrones
del rencor, los afilados
hallazgos de la hoguera,
más terreno comprendes, más semillas
de tu tranquilidad pueblan los cerros,
más extensión das a la primavera.
El hombre que construye es luego el humo
de lo que construyó, nadie renace
de su propio brasero consumido:
de su disminución hizo existencia,
cayó cuando no tuvo más que polvo.
Tu abarcaste en la muerte más espacio.
Tu muerte fue un silencio de granero.
Pasó la vida tuya, y otras vidas,
se abrieron puertas, se elevaron muros
y la espiga salió a ser derramada.
San Martín, otros capitanes
fulguran más que tú, llevan bordados
sus pámpanos de sal fosforescentes,
otros hablan aún como cascadas,
pero no hay uno como tú, vestido
de tierra y soledad, de nieve y trébol.
Te encontramos al retornar del río,
te saludamos en la forma agraria
de la Tucumania florida,
y en los caminos, a caballo
te cruzamos corriendo y levantando
tu vestidura, padre polvoriento.
Hoy el sol y la luna, el viento grande
maduran tu linaje, tu sencilla
composición: tu verdad era
verdad de tierra, arenoso amasijo,
estable como el pan, lámina fresca
de greda y cereales, pampa pura.
Y así eres hasta hoy, luna y galope,
estación de soldados, intemperie,
por donde vamos otra vez guerreando,
caminando entre pueblos y llanuras,
estableciendo tu verdad terrestre,
esparciendo tu germen espacioso,
aventando las páginas del trigo.
Así sea, y que no nos acompañe
la paz hasta que entremos
después de los combates, a tu cuerpo
y duerma la medida que tuvimos
en tu extensión de paz germinadora.
lunes, junio 03, 2013
La atristadita - Jorge Ariel Madrazo

La atristadita que alza contentezas
dándote el maíz que bienmente te apaña.
La ofrecedora de aguas comunales.
La que en broncas pupilas se deshoja
(Vida enhiesta en áurea permanencia)
La que ábrese entera sin rogar a cambio.
La que te da de mamar en la boca
tal energía para el arduo trance.
La que derrama abrojos de lindura
prendiéndose en el alma para un siempre.
La compa amiga amada y tan muy mucho,
la que exprime naranjas a tu paso,
la que torna posible que estés vivo
con el vino y el alma a fuego lento.
sábado, marzo 02, 2013
Dolor de garganta - Javier Krahe
martes, enero 01, 2013
Después de las fiestas - Julio Cortázar
lunes, diciembre 17, 2012
El desayuno - Luis Alberto de Cuenca
Me gustas cuando dices tonterías,
cuando metes la pata, cuando mientes,
cuando te vas de compras con tu madre
y llego tarde al cine por tu culpa.
Me gustas más cuando es mi cumpleaños
y me cubres de besos y de tartas,
o cuando eres feliz y se te nota,
o cuando eres genial con una frase
que lo resume todo, o cuando ríes
(tu risa es una ducha en el infierno),
o cuando me perdonas un olvido.
Pero aún me gustas más, tanto que casi
no puedo resistir lo que me gustas,
cuando, llena de vida, te despiertas
y lo primero que haces es decirme:
«Tengo un hambre feroz esta mañana.
Voy a empezar contigo el desayuno.»
De "El hacha y la rosa", 1993.
lunes, diciembre 03, 2012
A la carta - Roque Dalton
término medio
con salsa de maní picante
y un poco de gobierno español
con trocitos de invierno.
Después me trae a un soldado de la Primera Brigada de Artillería
en completo estado de ebriedad
un par de mirtos
la erupción del Krakatoa
y el servicio postal a la luz de la filosofía. De beber
algo que no desmaye en su difícil pero honrosa tarea.
Los postres se los pediré después. Ah
y palillos de dientes.
lunes, julio 30, 2012
Junto a mi cabecera - Jesús Orta Ruiz. (Cuba, 1922-2005)
sábado, enero 07, 2012
Currículum . Mario Benedetti
usted ama / se transfigura y ama / por una eternidad tan provisoria / que hasta el orgullo se le vuelve tierno / y el corazón profético / se convierte en escombros
usted aprende / y usa lo aprendido / para volverse lentamente sabio / para saber que al fin el mundo es esto / en su mejor momento una nostalgia / en su peor momento un desamparo / y siempre siempre / un lío
entonces / usted muere.
miércoles, febrero 16, 2011
Todo en un mismo día - Matilde Alba Swann
Murió carbonizada una criatura!
Sobre cemento en abrojal miseria.
Una vivienda de madera y latas,
murió carbonizada una criatura.
Tal vez sin tiempo siquiera a tener nombre,
murió carbonizada una criatura.
En el vaho primero de la escarcha,
murió carbonizada una criatura.
Mientras los zares del deporte estaban
alimentando pollas para el fútbol
murió carbonizada una criatura.
Mientras crecían los Casinos altos,
como altivas blasfemas catedrales,
murió carbonizada una criatura.
Mientras la ley pulía sus incisos
en creciente limado a libertades
murió carbonizada una criatura.
Fue en la ciudad de Buenos Aires,
fría,
hoguera y fría mansión de vendavales,
murió carbonizada una criatura.
Quedó sin ojos, sin dolor, sin manos,
y sin hambre, también... sólo un borroso
corazón de cuna. Era un pájaro triste
el que elevaba, con sus plumas de humo.
Todo en un mismo día, sucedió.
Murió carbonizada una criatura.
Eso es también historia, no lo olviden.
No habrá bronces ni mármoles, la nada
sublimará su efímera presencia,
pero es también historia, no lo olviden.
sábado, enero 01, 2011
A media pierna – Hamlet Lima Quintana
Lo condenaron a vivir a medias
Le escondieron la paz, y la sonrisa
Le pusieron el pan a media rienda
Pero él seguía caminando.
Le vendieron la luna, cada noche
Lo fueron lentamente atornillando
Le tuvieron las manos ocupadas
Le sumaron la pena y las estafas
Pero él seguía caminando.
Le pusieron las piedras por delante
Le taparon la boca, por si acaso
Le abrieron una herida por la espalda
Le sumaron olvido a la condena
Pero él seguía caminando.
De lejos, bien mirado
cuando ya era horizonte,
se asemejaba al viento,
aunque según parece
él caminaba potente
como el Pueblo!
Espergesia - César Vallejo
que Dios estuvo enfermo.
Todos saben que vivo,
que soy malo; y no saben
del diciembre de ese enero.
Pues yo nací un día
que Dios estuvo enfermo.
Hay un vacío
en mi aire metafísico
que nadie ha de palpar:
el claustro de un silencio
que habló a flor de fuego.
Yo nací un día
que Dios estuvo enfermo.
Hermano, escucha, escucha...
Bueno. Y que no me vaya
sin llevar diciembres,
sin dejar eneros.
Pues yo nací un día
que Dios estuvo enfermo.
Todos saben que vivo,
que mastico... y no saben
por qué en mi verso chirrían,
oscuro sinsabor de ferétro,
luyidos vientos
desenroscados de la Esfinge
preguntona del Desierto.
Todos saben... Y no saben
que la Luz es tísica,
y la Sombra gorda...
Y no saben que el misterio sintetiza...
que él es la joroba
musical y triste que a distancia denuncia
el paso meridiano de las lindes a las Lindes.
Yo nací un día
que Dios estuvo enfermo,
grave.
domingo, mayo 24, 2009
Amor de frutas - Gioconda Belli
Non omnis moriar - Manuel Gutierrez Nájera
domingo, abril 26, 2009
Alta Traicción - José Emilio Pacheco
Enemigo Intimo - Antonio Gala
domingo, abril 12, 2009
Altri Tempi - Ana Emilia Lahitte
Las salas enfundadas como inmensas corolas. y un secreto soleado: / el país de los patios. (Se decía glicina, heliotropo, diamela, / como ahora se dice ADN, sidaico). Aquel cielo privado / con chicos y canarios y huertos y murales de macetas pintadas / era de veras cielo. (Entonces, lo ignorábamos). / Nunca imaginamos que lo fuese, hasta ahora, en que hemos / cumplido nuestros propios infiernos). Aquellos cielos / bajos, a ras de tierra, humanos. Todavía a salvo. Allí donde ser niño / era tener abuelos en la casa y amarlos, / dejándolos vivir libres de vaciaderos de viejos: / adiestrados espectros que siempre se demoran demasiado / en morir y dejar limpio el mundo, / que ya no tiene patios, ni destino, ni tiempo.
Ser niño era pedirles que nos dieran la mano, porque teníamos miedo. / Y volver a pedirles que nos contaran cuentos (que eran verdad, / ahora lo sabemos) Y llorar junto a ellos penitencias y encierros: / “había que educarnos”... (Se decía señor y plegaria / respeto, con limpio olor a incienso y a sopa obligatoria, / a almidones y ungüentos). / Se decía Maestro, y en el cuaderno único cabía el universo. / El padre, con arrestos de patriarca doméstico, “tenía autoridad” / y la madre dulzura, por amor o por tedio. / Lo cierto es que la casa nunca estaba vacía / (la mesa familiar, otra inútil reliquia) y la abuela, el abuelo / -una especie de puerto del buen regreso- / eran sencillamente viejos: con todos los derechos a morir / en su casa, en su cama, en su llaga, en su pulso, en su tiempo. / Sin adiós intensivo. Sin pactos terminales de abandono y silencio. / En fin, sólo fantasmas de cielos y otros tiempos.
Yo soy de allí - Mahmud Darwish
Yo soy de allí. Y tengo recuerdos. Nací como nace la gente. Tengo una madre y una casa con muchas ventanas. Tengo hermanos, amigos, y una cárcel con una fría ventana.
Tengo una ola que han raptado las gaviotas, un paisaje favorito, una hierba silvestre, una luna en los confines de la palabra, la subsistencia de los pájaros y un olivar inmortal.
He pasado por la tierra antes de que las espadas pasaran por un cuerpo al que convirtieron en mesa.
Yo soy de allí. Retorno el cielo a su madre cuando llora por su madre y lloro para que me reconozca la nube a su regreso.
He aprendido, para romper la regla, todas las palabras apropiadas en el tribunal de la sangre.
He aprendido todo el lenguaje y lo he deshecho para componer una única palabra: Patria…
domingo, abril 05, 2009
No quiero paz, no hay paz - Jaime Sabines
No quiero paz, no hay paz, / quiero mi soledad. / Quiero mi corazón desnudo / para tirarlo a la calle, / quiero quedarme sordomudo. / Que nadie me visite, / que yo no mire a nadie, / y que si hay alguien, como yo, con asco, / que se lo trague. / Quiero mi soledad, / no quiero paz, no hay paz.
martes, marzo 24, 2009
Regresaré - Antonio Guerrero
Regresaré y le diré a la vida / He vuelto para ser tu confidente. / De norte a sur le entregaré a la gente / La parte del amor en mí escondida.
Regresaré la alegría desmedida / De quien sabe reír humildemente. / De este a oeste levantaré la frente / Con la bondad de siempre prometida.
Que no puedan volar en torbellino. / Cantaré mis canciones al destino / Y con mi voz haré temblar la muerte.
Llanto de las Virtudes y Coplas por la Muerte de Don Guido – Antonio Machado
Al fin, una pulmonía / mató a Don Guido, y están / las campanas todo el día / doblando por él: ¡din, dan! / murió don Guido, un señor / de mozo muy jaranero, / muy galán y algo torero; / de viejo gran rezador.
Dicen que tuvo un serrallo / este señor de Sevilla; / que era diestro / en manejar el caballo, / y un maestro / en refrescar manzanilla.
Cuando mermó su riqueza / era su monomanía / pensar que pensar debía / en asentar la cabeza / y asentóla / de una manera española, / que fue a casarse con una / doncella de gran fortuna.
Y repintar sus blasones / hablar de las tradiciones / de su casa, / a escándalos y amoríos / poner tasa, / sordina a sus desvaríos.
Gran pagano / se hizo hermano / de una santa cofradía; / el Jueves Santo salía, / llevando un cirio en la mano / -¡aquel trueno!- / vestido de nazareno.
Hoy nos dice la campana / que han de llevarse mañana / al buen Don Guido muy serio / camino del cementerio. / ¿Tu amor a los alamares / y a las sedas y a los oros / y a la sangre de los toros / y al humo de los altares?
¡Oh fin de una aristocracia! / La barba canosa y lacia / sobre el pecho; /
metido en tosco sayal / las yertas manos en cruz, / ¡tan formal! / el caballero andaluz.






